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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 85

GÉNESIS

Estaba en el apartamento, pero mi mente no.

Tenía el portátil abierto sobre la mesa, una taza de té que ya estaba fría y una libreta llena de números que no lograban ordenarse en mi cabeza. Leía una línea, la repetía, la volvía a leer… y no entendía nada. Era como si mi cerebro se negara a procesar la realidad.

Bancarrota.

Esa palabra seguía rebotando dentro de mí como un golpe.

Mi padre, Matías Wood, el hombre audaz y estratégico… en bancarrota.

Y Ethan… señalado como ladrón. Un prófugo de la justicia, que abandonó a Leyla. ¿De que clase de hombre me había enamorado?

No. No podía creerlo.

—Génesis —la voz de Leyla me sacó de mi trance—. ¿Me puedes explicar qué te pasa?

Parpadeé y levanté la vista.

Leyla estaba de pie frente a mí, con las manos en la cintura, esa mirada de “yo sé todo y tú no me vas a mentir” que ya me conocía demasiado.

—Nada —mentí sin pensar.

—Ajá… “nada”. —Se inclinó un poco hacia mí—. Has estado distraída toda la noche. No te has quejado, no has peleado conmigo por la comida, no te has reído de mis chistes. Eso no es normal en ti. ¿A dónde fuiste en la tarde? Saliste sin avisarme. Y no me vengas con que fue “un antojo”, porque si hubieras ido por comida, habrías regresado con una bolsa enorme.

Me quedé callada unos segundos.

Leyla no iba a soltar el tema. No con esa cara.

—La empresa de mi padre está en bancarrota. —solté sin más.

Leyla se quedó inmóvil.

—¿Quéé? —susurró.

—Las empresas Wood están en serios problemas. Que hay fuga de dinero, pérdidas de contratos, pagos pendientes… y que mi padre intentó ocultármelo.

Leyla se dejó caer en el sillón de al lado.

—No lo puedo creer…

—Y hay más.

Leyla me miró de inmediato.

—¿Qué más?

Tragué saliva otra vez, porque decirlo en voz alta lo hacía real.

—Encontraron un robo grande. Seis millones. Y que el nombre que salió… fue Ethan.

Leyla frunció el ceño.

—¿Ethan Fox? —pronunció el nombre con desprecio—. ¿Y tú piensas?

—No sé qué creer —confesé—. Will aseguró que Ethan desapareció después de la luna de miel. Que Dafne regresó sola. Que él huyó.

Leyla soltó una risa seca, sin gracia.

—Pues qué bueno.

La miré, sorprendida.

—¿Qué bueno?

—¡Sí, qué bueno! —espetó—. Si ese hombre era un ladrón, un estafador o lo que sea, mejor que huyera y no se quedara a tu lado para hacerte daño. Eso confirma que era basura.

—Leyla, no hables así…

—¿Cómo quieres que hable? —se levantó de golpe—. Tú casi te destruyes por él. ¡Te fuiste del país por él! Y si ahora resulta que robó a tu familia… entonces me alegro el doble de que ya no esté cerca.

No respondí. Porque una parte de mí quería creer lo mismo. Creer que Ethan era malo para poder odiarlo. Pero algo dentro de mí no encajaba.

—¿Y cómo te enteraste? —preguntó Leyla de pronto, con sospecha.

—Me lo dijo Will.

—Dijiste ¿Will? ¿Desde cuándo estás en contacto con él?

Me quedé quieta.

La mirada de Leyla se volvió peligrosa.

—Génesis… —dijo lentamente—. No me digas que ese tipo apareció aquí.

—Will está en Australia —admití.

Fue como tirar una cerilla a gasolina.

—¡¿QUÉ?! —Leyla casi gritó—. ¿Y tú lo viste sin decírmelo?

—No quería…

—¡Claro que no querías! —me interrumpió—. Porque sabías que yo me iba a enojar. ¡Porque tú sabes que él no debe estar cerca de mí!

—Leyla, él vino por mí. Por mi familia. Por la empresa. No vino por ti.

—No me importa por quién vino —gruñó—. Will debe permanecer lejos de mí.

Me quedé callada porque, por primera vez, no sabía qué decir. Leyla tenía heridas que yo no podía curar. Y yo estaba demasiado cargada con las mías.

Leyla se fue a su habitación dando un portazo, y yo me quedé en la sala con la sensación de que el pasado estaba comenzando a seguirme otra vez, aunque yo hubiera cruzado océanos para huir de él.

(...)

Al día siguiente, me levanté temprano. Me puse un vestido negro sencillo y un saco. Me miré al espejo y comprobé que mi vientre se notaba menos con esa ropa. Igual, Leyla me obligó a desayunar como si fuera una niña, a pesar de estar enojada conmigo, no dejaba de cuidarme.

En la empresa, el ambiente era distinto.

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