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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 86

GÉNESIS

La sala de juntas parecía una escena del crimen.

No exageraba.

El señor Hall estaba sentado en una de las sillas, con un pañuelo presionándole la nariz, y aun así la sangre seguía bajando en pequeñas líneas rojas que manchaban la tela. Danilo estaba a su lado, intentando ayudarlo con una calma que yo no sabía de dónde sacaba, y Karen aparecía y desaparecía con un botiquín como si esto fuera el pan de cada día.

Leyla estaba de pie, rígida, con los brazos cruzados y la mirada encendida. Will también estaba ahí, parado cerca de la puerta como si supiera que en cualquier momento lo iban a matar.

Yo estaba en medio de todos.

Y por dentro, quería desaparecer.

—Señor Hall… —dije por tercera vez, sintiendo que mi voz temblaba—. Le pido una disculpa, de verdad. Esto no debió pasar. En mi empresa estas cosas no ocurren.

Él levantó la mirada hacia mí, serio. No parecía furioso. Peor. Se veía como un hombre que ya estaba tomando decisiones.

—Karen, ¿puedes traer hielo? —pidió Danilo.

—Sí, señor —contestó ella rápido, como si Danilo fuera su jefe de toda la vida.

Yo respiré hondo y miré a Leyla.

—Leyla —dije en voz baja, pero firme—. Discúlpate.

Leyla apretó la mandíbula.

—No fue mi intención…

—Leyla —repetí, sin paciencia—. Discúlpate bien.

Ella tragó saliva, pero al final giró hacia el hombre.

—Señor Hall, lo siento —soltó al fin—. Fue un accidente.

—No fue un accidente —interrumpió Will con una calma irritante—. Fue un ataque.

Leyla giró hacia él como una bestia lista para saltar.

—¡Cállate, Will! —intervine.

Will levantó las manos.

—Solo digo la verdad.

—¡La verdad es que tú eres el culpable! —escupió Leyla—. Si tú no hubieras aparecido…

—Yo solo vine a hablar con Génesis —se defendió él—. No vine a pelear contigo. Tú fuiste la que se volvió un monstruo.

—¿Monstruo? —Leyla dio un paso hacia él.

Danilo se interpuso rápido.

—¡Ya! —ordenó, deteniéndola por los hombros—. Leyla, por favor… cálmate.

Mi pulso estaba descontrolado. No podía creer que esto me estuviera pasando.

—Basta —dije, alzando la voz—. Leyla, compórtate. Will, también tú. Esto no es un parque para que vengan a pelear como adolescentes.

—Will —dije con frialdad—. Vete.

Él parpadeó.

—Génesis, necesito…

—No me importa lo que necesites —lo corté—. Te llamaré después. Pero ahora mismo, te vas.

Will apretó los labios. Miró a Leyla, luego a Danilo, luego al señor Hall con la nariz sangrando.

—Lo siento —murmuró al final—. De verdad no quería causar problemas.

Leyla soltó una risa sarcástica.

—Claro. Tú nunca quieres causar problemas. Tú solo apareces y el desastre sucede solo.

Will la ignoró.Me miró a mí una última vez.

—Llámame —pidió.

Asentí apenas.

El silencio que quedó fue insoportable.

Leyla se dejó caer en una silla.

—El único culpable de este desastre es Will —masculló, como si la frase pudiera justificarlo todo.

Yo la miré con una rabia que no me cabía en el cuerpo.

—No —dije, despacio—. Tú también eres culpable.

Leyla abrió la boca para discutir, pero Danilo carraspeó, recordándonos algo demasiado importante:

Noha Hall seguía ahí.

Y su nariz seguía sangrando.

Me giré hacia él con una sonrisa tensa.

—Señor Hall… —volví a empezar, sintiéndome ridícula—. Le ofrezco de nuevo una disculpa. Lo que ocurrió fue…

Él levantó una mano para detenerme.

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