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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 87

GÉNESIS

Me estaba preparando para la cena con los padres de Danilo, pero no lograba concentrarme del todo.

Tenía el closet abierto, la cama llena de ropa y el espejo frente a mí como juez. Me probaba un vestido, me lo quitaba. Me probaba otro, lo volvía a quitar.

Lo de Noha Hall había sido un desastre.

Y la empresa de mi padre… seguía siendo una pesadilla que me mordía la nuca aunque estuviera a miles de kilómetros de distancia. Y por último, Ethan…

Me puse un vestido azul oscuro, sencillo, con un saco ligero encima. No quería verme “perfecta”, solo quería verme presentable. Y, sobre todo, quería sentirme cómoda. Mi vientre ya se notaba más, aunque yo insistiera en negarlo frente al espejo.

Acomodé mi cabello con cuidado, un maquillaje suave, lo justo. Ya iba a ponerme los aretes cuando el teléfono sonó.

Miré la pantalla.

Will.

—¿Aló?

—Génesis. Te llamo para avisarte que mañana regreso a América.

Me quedé en silencio unos segundos.

—¿Tan rápido?

—Sí. Ya hice lo que vine a hacer. Y… —se aclaró la garganta— quería pedirte disculpas por lo que pasó con Leyla. No era mi intención causar problemas.

Suspiré.

—Will, las flores no eran necesarias.

—Lo sé —respondió, y casi pude imaginar su gesto nervioso—. Solo… quise tener un detalle. Con Leyla. Antes de ser novios fuimos amigos, Génesis. De verdad amigos. Y… me alegró saber que estaba bien. Que siguió adelante. No pensé que… —hizo una pausa— no pensé que se volvería loca conmigo.

Solté una risa breve, sin alegría.

—Leyla está pasando por muchas cosas. Ha cambiado, pero también… sigue siendo Leyla.

—Sí, lo noté —dijo con sinceridad—. En fin, no quería irme sin disculparme contigo. Ni sin decirte que… gracias por escucharme.

Me apoyé en el borde de la cama.

—Gracias a ti por contarme lo de la empresa de mi padre —respondí con voz baja—. Aunque me haya caído como un balde de agua fría, necesitaba saberlo.

—Te deseo suerte, Génesis —dijo—. Y espero que logres solucionar parte del problema.

Tragué saliva.

—Haré lo posible.

Will guardó silencio un segundo, como si quisiera decir algo más.

—Will… —mi voz salió más suave—. Si tienes noticias de Ethan… avísame.

Hubo un silencio más pesado.

—Lo haré —respondió al fin, con un tono serio—. Te lo prometo.

—Gracias —murmuré.

—Cuídate, Génesis —se despidió—. Y cuida a Leyla… aunque sea un volcán.

Colgué.

Yo había pedido noticias de Ethan como si fuera una cosa simple.

Como si no fuera el padre de mis bebés.

Como si no fuera la razón por la que mi vida había cambiado para siempre.

Me levanté y salí de mi habitación justo cuando escuché movimiento en el pasillo. Leyla también salía de su cuarto, con ropa de calle, el cabello recogido y esa expresión de mujer decidida a hacer algo que nadie iba a poder detener.

—¿A dónde vas? —pregunté, de inmediato.

Leyla no se detuvo.

—Voy a arreglar el desastre que causé con Hall.

Mi estómago se apretó.

—Leyla… no.

Ella por fin se giró.

—Sí.

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