GÉNESIS
El restaurante era elegante, demasiado elegante para mi gusto. Danilo estacionó, me abrió la puerta como caballero y me ofreció su brazo. Yo lo tomé, sonriendo por fuera.
Entramos y ahí estaban sus padres, sentados en una mesa apartada.
El padre de Danilo fue el primero en levantarse. Aún lo recordaba de mi última reunión con él y su hija Dalia. En cuanto me vio, se quedó quieto, como si no esperara encontrarme a mí.
Su sorpresa fue tan evidente que hasta me puso nerviosa.
—Buenas noches —saludé, extendiendo la mano.
Él tardó un segundo en reaccionar, pero al final estrechó mi mano con firmeza.
—Génesis —dijo con una voz grave—. Aún me acuerdo de ti, una gran mujer de negocios.
Danilo sonrió como si estuviera orgulloso de esa reacción.
—Papá, mamá, les presento oficialmente a Génesis Wood —dijo—. Génesis, ellos son mis padres.
La madre de Danilo se levantó enseguida. Una mujer : cálida, elegante, con una sonrisa amable y ojos curiosos.
Me abrazó con suavidad.
—Qué gusto, hija. Danilo no ha parado de hablar de ti.
—Mamá…
El padre de Danilo soltó una risa breve, como si le diera gracia ver a su hijo incómodo.
—No me imaginaba que tú eras “esa mujer” —dijo, mirándome con más atención—. La mujer de la cual Danilo no para de hablar.
Sonreí con cortesía.
—Espero que no solo haya dicho cosas malas.
Danilo me miró con una expresión que decía gracias por ayudarme, y yo intenté concentrarme en la parte fácil: actuar. La madre de Danilo aplaudió suavemente.
—Bueno, bueno… antes de que se pongan a hablar de negocios, mejor pidamos la cena.
Bendita mujer. Porque yo sabía que el tema iba a caer sí o sí. Nos sentamos. Danilo tomó mi mano por debajo de la mesa y la apretó como señal de apoyo. Yo correspondí el gesto, aunque mi mente se fue por un segundo a mi vientre.
A mis bebés.
A la verdad que yo seguía escondiendo. Cuando llegaron los platos, el ambiente se relajó un poco. Hablamos de cosas simples: el clima, la ciudad, el tiempo que llevaba aquí. Pero no duró.
La madre de Danilo me observó con una sonrisa de esas que parecen tiernas… hasta que te das cuenta de que son una trampa.
—Génesis, cuéntame —dijo—. ¿De dónde se conocen tú y Danilo?
Danilo soltó un suspiro.
—Mamá…
—¿Qué? Solo quiero conocer a tu novia —respondió ella como si fuera lo más natural del mundo.
Yo me obligué a sonreír.
—Trabajamos juntos —dije con calma—. Danilo es mi socio en un proyecto aquí en Australia.
—¿Y te trata bien? —preguntó ella sin filtros.
Danilo se atragantó con el agua.
—¡Mamá!
—Es una pregunta normal —insistió ella—. Los hombres a veces son muy buenos para los negocios, pero pésimos para el amor.
Danilo me miró con desesperación.
—No la interrogues.
—No es interrogatorio, es interés —replicó su madre, divertida.
El padre de Danilo carraspeó, como queriendo mover la conversación hacia el terreno que él dominaba.
—Danilo me habló de tu empresa —dijo, por fin—. De lo que estás construyendo aquí. Me interesa.
Danilo aprovechó la entrada de inmediato.
—Papá, es un tema que quería hablar en esta cena.
Danilo enderezó la espalda, y su voz cambió. Se volvió más seria, más firme.
—Las empresas Wood en América tienen un repertorio enorme de materia prima —explicó—. Materia prima de calidad, fundamental para nuestro tipo de negocios. Nosotros necesitamos ese abastecimiento.
El padre de Danilo asintió lentamente y yo me quedé sorprendida, ¿En verdad me sorprendió que él se parepara esto?
—Siempre lo he pensado —admitió—. Pero después de lo que pasó con Dalia…
Mi estómago se apretó.
Ahí venía.
Danilo se apresuró a intervenir, como si ya hubiera ensayado esa parte.
—Los asuntos personales no deben mezclarse con lo laboral, papá —dijo con seguridad—. Una cosa es lo que haya pasado entre mujeres, y otra lo que puede representar un acuerdo comercial.
La madre de Danilo dejó los cubiertos sobre el plato.
—¿“Lo que haya pasado”? —repitió, con la ceja levantada—. Danilo, Dafne Wood atacó a Dalia. Le quebró la nariz. Y por lo que sé, necesitó cirugía.
El silencio se instaló en la mesa por un segundo. Recordé esa esa, fue graciosa, pero perdimos mucho. Además de que Dalia se lo merecía.

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