GÉNESIS
Trataba de dejar todo en orden antes de mi inevitable viaje. Si iba a ausentarme, al menos necesitaba asegurarme de que la empresa siguiera funcionando sin problemas. Con Noha Hall ahora al mando, cada detalle debía estar perfectamente organizado. No podía permitirme que algo saliera mal y que él se arrepintiera de haber aceptado el puesto.
Estaba revisando unos informes cuando la puerta de mi oficina se abrió de golpe.
—¡Génesis! Voy a matarte. —Leyla irrumpió como una tormenta.
Levanté la mirada lentamente. Estaba roja de la rabia, con los ojos brillando de furia y el cabello ligeramente despeinado, como si hubiera corrido hasta aquí.
—Ese imbécil me pide un sinfín de cosas —continuó, caminando de un lado a otro—. Ni siquiera me da tiempo de anotarlas. Y otras ni siquiera sé cómo hacerlas.
Suspiré y cerré la carpeta que tenía entre las manos.
—Fui a buscar a Ashly… la hermana de Ethan —le confesé.
Las palabras hicieron que Leyla se congelara. Sus ojos se abrieron como si hubiera escuchado algo imposible.
—¿Estás loca?
—Lo sé.
—¡¿Y por qué no me lo dijiste?!
—Porque sabía que me lo ibas a prohibir.
Leyla apretó la mandíbula con fuerza.
—No debiste ir.
—Lo sé, fue un error —respondí—. Pero necesito saber sobre Ethan. No puedo creer lo que Will me contó. Necesito una explicación. Pensé que su madre o su hermana podrían dármela… pero ahora estoy más confundida que antes.
Leyla se quedó mirándome en silencio unos segundos.
Antes de que pudiera decir algo más, Karen apareció en la puerta.
—Los boletos ya están reservados —anunció.
—Gracias, Karen.
Ella asintió y se retiró cerrando la puerta.
Leyla volvió la cabeza hacia mí lentamente.
—¿Boletos? —preguntó—. ¿A dónde?
Tragué saliva.
—Leyla… mañana viajo con Danilo. El padre de Danilo insistió en que yo vaya. Quiere cerrar el trato en América. En persona.
Leyla parpadeó varias veces.
—¿Y tú no me ibas a decir?
—Te lo estoy diciendo ahora.
—Génesis… —se pasó una mano por el rostro—. ¿Estás segura?
Negué lentamente.
—Ni siquiera estoy segura de ir. Pero no tengo opción. Si esto puede salvar la empresa de mi padre… tengo que hacerlo.
Leyla guardó silencio unos segundos, pensativa.
Luego sus ojos bajaron hacia mi vientre.
—Tienes miedo de que descubran lo del embarazo.
Asentí.
—Sí.
El simple hecho de pronunciarlo en voz alta hacía que mi corazón latiera más rápido. Leyla se enderezó de inmediato.
—Entonces voy contigo.
—No.
—Sí.
—Noha te necesita.
Leyla rodó los ojos.
—¡No voy a quedarme con Noha!
—Leyla, por favor… —mi voz salió más suave de lo que esperaba—. Necesito que te quedes en la empresa. Necesito que cuides lo que construimos aquí.
Ella me observó con una mezcla de frustración y preocupación. Por primera vez, no tenía un argumento inmediato.
—Además —añadí— tienes un nuevo jefe y no creo que te quiera dar permiso.
—Ese hombre no va a controlar mi vida —bufó.
Luego dio un paso hacia mí y me abrazó con fuerza. Su abrazo era cálido, protector.
—Prométeme que te vas a cuidar.
—Lo prometo.
—Y prométeme que si las cosas se ponen feas… me llamas.
Asentí.
—Te llamo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA!