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Mi peligroso cuñado se enamoró de mí, ¡UNA GORDITA! romance Capítulo 97

GÉNESIS

Me quedé viendo a Dafne ¿porque mentir de manera descarada? ¿Qué era lo que ocultaba?

—¿Qué hace aquí? —susurré, sin apartar la mirada de ella.

Deivyd se inclinó un poco hacia mí y habló con un tono seco.

—A Dafne no le dolió tanto la desaparición de Ethan.

Yo fruncí el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Deivyd soltó una risa breve, sin humor.

—Que cada semana cambia de gigoló.

Sentí que el estómago se me revolvía. ¿En qué se había convertido Dafne?

—No… —negué—. Eso no puede ser.

—Créelo —dijo, serio—. Ya lo he confirmado más de una vez. Ella no llora a Ethan. Ella se divierte.

Me quedé callada, porque aunque quisiera decir que era mentira… una parte de mí sabía que Dafne era capaz de todo. Y además, si Ethan estaba “desaparecido”, ¿por qué ella no se veía desesperada? ¿Por qué no se le notaba el dolor en la cara? Ella misma me conffesó que lo amaba.

Dafne se veía como una mujer que había ganado. Y eso me ponía la piel de gallina.

—No puedo creerlo… —murmuré.

—Pues cree esto también —dijo Deivyd, y alzó la barbilla hacia la entrada.

Miré. Y mi sorpresa fue peor. Will acababa de entrar al club.

Will.

Aquí. En el mismo maldito lugar. Sentí un golpe en el pecho. Deivyd soltó una carcajada baja.

—Mira, el gordito vino a divertirse.

Le di una mirada fulminante.

—No le digas así.

Deivyd alzó las manos, como si no le importara.

—Solo digo… es un club para “cumplir fantasías”. El hombre tiene derecho.

Yo seguía sin poder creerlo.

—¿Qué hace aquí? —pregunté, más para mí que para Deivyd.

—Ni idea —respondió—. Pero te voy a decir algo más: su novia es rara.

Fruncí el ceño.

—¿Ana?

Deivyd asintió.

—Sí. Muy rara. Ha empezado a vigilarlo. Lo controla. Y a mí no me da confianza.

Tragué saliva.

Esa frase me dejó inquieta, porque yo ya había sentido algo parecido desde antes. No sabía explicarlo, pero Ana siempre me pareció demasiado correcta, demasiado “perfecta”, demasiado acomodada, algo en ella no me cuadraba.

Deivyd siguió hablando, pero yo no lo escuchaba del todo. Porque mis ojos no se apartaban de Dafne. La vi caminar hacia el pasillo de habitaciones privadas.

Casi nadie notaba ese detalle, porque el club tenía mucha gente y mucha luz. Pero yo sí lo noté. Y mi estómago se apretó cuando la vi detenerse frente a una puerta.

Dafne miró hacia los lados y entró. .

Me quedé inmóvil.

—¿Viste eso? —susurré.

Deivyd miró hacia donde yo miraba y soltó un sonido de burla. Yo apreté los labios. Entonces pasó lo imposible. Will caminó hacia el mismo pasillo. Yo sentí que el corazón se me subía a la garganta.

Él miró a los lados, como si no quisiera que lo vieran, y se detuvo frente a la misma puerta.

La misma. Y segundos después… entró. La puerta se cerró. Me quedé congelada. No podía procesarlo.

—¿Will… acaba de entrar… con Dafne? —murmuré, sintiendo que me faltaba aire.

Deivyd soltó una risa baja.

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