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Mi Rey, Mi Presa romance Capítulo 2

Sin embargo, un instante después, su instinto de supervivencia la hizo ponerse de pie.

Las ventanas del jeep apenas tenían polarizado y no se veían muchas provisiones adentro. Ese hombre tendría que abastecerse de comida.

Más adelante solo quedaba el Desierto de la Soledad, la zona deshabitada más grande del país.

Desierto, picos nevados y páramos...

Incluso manejando sin parar, le tomaría siete días y siete noches cruzar.

¡Perla apostaba su vida a que él pasaría la noche allí para prepararse!

El lugar no tenía posadas, solo un puñado de casas de adobe.

Fue buscando puerta por puerta.

¡Por fin!

En el patio de la casa más alejada, volvió a ver ese jeep cubierto de polvo.

El muro no era alto. Perla saltó con agilidad, miró a su alrededor alerta y se agazapó hacia la puerta principal de la casa.

Con su pequeña cuchilla, forzó la cerradura en segundos.

Al empujar la puerta, apretó la hoja metálica en su mano. Sentía el corazón latiéndole en la garganta.

Apenas dio un paso dentro, una ráfaga de movimiento la embistió. Unas manos fuertes apresaron las suyas y se las torcieron detrás de la espalda.

Una fuerza abrumadora la inmovilizó contra la pared.

Sus movimientos eran precisos, casi militares. Perla no tuvo ni el espacio ni la fuerza para resistirse.

Apresurada, intentó explicarse: —Cof, cof... No vengo a hacerte daño...

La voz le resultaba familiar. Joan buscó su encendedor. Con un clic metálico, la llama iluminó los aterrorizados ojos de Perla.

Él frunció el ceño, reconociendo a la muchacha que llevaba el pañuelo aquel mismo día.

Sintió que algo húmedo manchaba su propia palma.

Bajó la mirada hacia las frágiles muñecas que sujetaba. Estaban marcadas por sogas y cubiertas de cortes y rasguños.

Y esa humedad... era su sangre.

Joan la soltó, retrocedió un par de pasos y preguntó con frialdad: —¿Qué haces aquí?

No veía motivo alguno para volver a cruzarse con ella.

El sol estaba por salir y la desesperación de Perla llegaba a su límite. No estaba segura de si este hombre accedería a llevarla.

Después de todo, la había ignorado la primera vez.

Pese al miedo, decidió ir directo al grano.

Capítulo 2 1

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