—Te hicieron pasar un mal rato.
Sin alterar el gesto, dio un paso al frente y cubrió a Aitana con su cuerpo. Miró a Ariadna desde arriba y soltó con voz de hielo:
—Se nota que a la señorita Silva le falta educación y no entiende cómo funcionan las cosas aquí: meterse con ella es meterse con la familia Valiente.
Ariadna se quedó de una pieza.
Jamás se le pasó por la cabeza que Leandro terminaría poniéndose del lado de Aitana.
Por mucho coraje que sintiera, no le quedó de otra más que dejarse echar. Justo antes de que se la llevaran a la fuerza, le dijo a Adrián con resentimiento:
—Aunque hoy me trates así, todavía voy a ayudarte a conseguir la inversión para Aitana.
Cuando lograron correr a Ariadna, Aitana frunció el ceño y le preguntó a Adrián:
—¿Cuál inversión?
Adrián apretó los labios. Primero miró a Leandro con una dureza indescifrable y luego se inclinó para susurrarle al oído:
—Te lo puedo explicar, pero ahorita no. Mejor lo platicamos llegando a la casa.
Aitana lo sostuvo la mirada un par de segundos antes de responder:
—No hace falta, me voy a mudar.
Adrián se quedó desconcertado, pero enseguida se inclinó hacia ella, mirándola fijamente a los ojos.
Una sonrisa apenas le rozó los labios, de esa clase de sonrisa que antes siempre lograba desarmarla. Hasta su voz baja, tan cerca de ella, parecía hecha para confundirla.
—Fue mi culpa, ya no te enojes conmigo, ¿sí?
Antes, bastaba con que Adrián le dijera algo así para que a Aitana se le pasara el coraje.
Pero ahora solo dejó escapar una sonrisa sarcástica, miró la hora y dijo:
—Ya le pedí a la señora de la limpieza que empacara mis cosas. Seguro la empresa de mudanzas ya terminó de llevarse todo.
Adrián intentó forzar una sonrisa, queriendo salirse por la tangente como siempre lo hacía. Pero cuando se topó con la frialdad de Aitana, la sonrisa se le congeló en la boca y ya no pudo ocultar su molestia.
—¿De verdad estás enojada?
Apretó los labios e intentó explicarse:
—Es que yo solo quería ayudar...
—Se acabó el tiempo.

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