Sin embargo, antes de que pudiera hacer esa pregunta, un grito desgarrador resonó en el piso de arriba. Fabiana sintió que la sangre se le helaba.
Antes de mudarse a Puerto Esmeralda, ella había adoptado a un perrito llamado Toto. Como le fue imposible llevárselo en aquel entonces, lo dejó en casa al cuidado de la empleada de confianza. Pero ahora la empleada era otra, y eso significaba que Toto...-
Olvidándose por completo de su pelea con Alexandro, Fabiana salió corriendo hacia el segundo piso. Cuanto más se acercaba, más horribles eran los chillidos del animal. El corazón le latía desbocado en la garganta.
Al llegar al pasillo, descubrió la escena. Efectivamente, era su pobre Toto. Pero lo que estaba presenciando estuvo a punto de hacerla gritar de puro horror.
Allí estaban Viviana y Andy.
Viviana observaba con los brazos cruzados, mientras Andy estaba montado sobre Toto, dándole patadas y golpes con todas sus fuerzas. Mientras lo masacraba, el niño gritaba a todo pulmón:
—¡Mujer gorda, fea, nunca vas a merecer ser mi mamá!
Fabiana no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Perdiendo los estribos, rugió:
—¡¿Qué le están haciendo?!
Al escuchar el grito, Andy ni siquiera se detuvo. Simplemente la miró con desprecio y siguió golpeando al animal.
Fabiana no lo soportó más. Se abalanzó, tomó al niño por la ropa, lo hizo a un lado de un empujón y abrazó a Toto, acariciándolo con desesperación. Por desgracia, los ojos de Toto ya estaban nublados, respiraba con dificultad y apenas le quedaba un hilo de vida.
Al tenerlo tan cerca, Fabiana notó algo espantoso: Toto tenía pegada en la frente una fotografía. Era la foto que se habían tomado para los papeles del registro civil.
Pero con una diferencia brutal: la imagen de Alexandro había sido recortada, dejándola solo a ella en la foto. Ahí aparecía sonriendo dulcemente, con un aire tímido y enamorado... Un contraste grotesco y doloroso con la pesadilla que estaba viviendo ahora.
Un torbellino de emociones la asaltó de golpe. Temblando de rabia pura, Fabiana levantó la mano dispuesta a darle una buena lección a Andy.



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