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No Me Dejes, Aunque No Te Lo Mereces romance Capítulo 402

—Señor Fermín —dijo Johana con voz suave.

Fermín soltó una sonrisa, se giró hacia Frida y comentó:

—Maestra Frida, ¿no crees que estamos siendo demasiado formales?

Al escucharlo, la sonrisa en el rostro de Johana se volvió aún más luminosa, como si el sol le hubiera acariciado la cara.

Al ver su expresión, Fermín quedó completamente embelesado, tanto que, sin pensar demasiado, tomó la mano de Johana con toda naturalidad.

El contacto repentino la sorprendió. Johana levantó la mirada, buscando su rostro con cierta incredulidad.

Por dentro, sentía que el corazón le latía más rápido, casi como si quisiera salirle del pecho.

Aun así, aunque la situación la ponía un poco nerviosa, Johana no retiró su mano de entre las de Fermín.

No le molestaba el contacto de Fermín. De hecho, por un instante, no supo ni cómo reaccionar.

A pesar de haber estado casada antes con Ariel, lo cierto es que nunca llegaron a tener una verdadera relación de pareja. Los pocos acercamientos que tuvieron, siempre fue Ariel quien los provocó, él era quien tomaba la iniciativa.

Johana tragó saliva, notando cómo los nervios le apretaban el estómago.

Fermín, animado por la forma en que lo miraba, sonrió aún más.

Sin soltar su mano, se inclinó hacia ella, acercándose tanto que Johana notó su respiración a escasos centímetros de su rostro.

El aire entre ambos se volvió denso. Johana, sin moverse, sintió cómo le temblaban las pestañas. Fermín la miraba con una calidez que la envolvía entera.

En ese momento, parecía que sus miradas se entrelazaban, formando un hilo invisible entre los dos.

Johana no lo apartó ni lo rechazó, y eso hizo que Fermín se sintiera más feliz que cuando le dieron aquel ascenso en el trabajo.

Sin apartar la mirada, Fermín fue acercándose poco a poco, hasta que sus labios estaban a punto de rozar los de Johana. Justo entonces, la puerta de la habitación del hospital se abrió de golpe. Una enfermera entró apresurada y dijo en voz alta:

—Frida, hay que tomarte la temperatura.

El sonido repentino hizo que ambos saltaran en sus asientos. Se separaron al instante y se sentaron derechos, poniendo el mayor espacio posible entre ellos.

Johana, casi por reflejo, llevó la mano derecha a la mejilla, acomodándose un mechón de cabello tras la oreja.

La incomodidad llenó la sala.

La enfermera, una mujer de mediana edad y algo robusta, también se sintió incómoda. Nunca se imaginó que los encontraría tan juntos, en una situación tan íntima. Si lo hubiera sabido, ni se habría acercado a tocar la puerta, mucho menos habría interrumpido.

Intentando actuar como si nada hubiera pasado, la enfermera se acercó a la cama.

—Frida, vamos a tomarte la temperatura —repitió, como si la escena anterior no hubiera existido.

Johana, con el cuerpo tenso, recibió el termómetro y se lo colocó bajo el brazo.

El ambiente se volvió denso y, por unos minutos, nadie supo qué decir.

La más incómoda seguía siendo la enfermera, que no encontraba por dónde salir.

Pasaron algunos minutos. Cuando Johana terminó de tomarse la temperatura, la enfermera revisó otros signos vitales y, al ver que todo estaba bien, se retiró sin decir más.

Capítulo 402 1

Capítulo 402 2

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