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No Me Dejes, Aunque No Te Lo Mereces romance Capítulo 426

Al ver a Adela, Johana se detuvo sin pensarlo.

La aparición repentina de Adela no dejó espacio para dudas; Johana sabía perfectamente que Adela había ido directamente por ella.

Adela conocía su identidad, sabía que había fingido su muerte para escapar.

Con Marisela, Johana todavía podía mantener la calma y mostrarse imperturbable, pero ahora, frente a Adela, algo dentro de ella era distinto.

Después de todo, Adela era una persona mayor, merecedora de respeto.

Johana respiró hondo y soltó el aire con suavidad. Cuando dio el primer paso para acercarse a Adela, notó que los ojos de ella se llenaban de lágrimas en un instante. Apenas la vio, Adela la llamó con la voz entrecortada:

—Joha.

Las últimas veces que Adela la había visitado en el hospital, aún había logrado controlar sus emociones. Pero en ese momento, las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.

Johana, al llegar frente a ella, quiso hablar varias veces, pero las palabras no salían. No sabía ni cómo empezar.

En realidad, ni siquiera sabía cómo debía llamarla.

Antes, decirle “mamá” era lo normal. Se le había hecho costumbre.

Pero ahora, las palabras simplemente no salían. Llamarla “señora” le parecía demasiado distante y forzado.

Con Ariel, Johana podía mantenerse distante, podía fingir que no pasaba nada. Pero con Adela, no era capaz de mostrarse indiferente; le costaba demasiado mirarla con frialdad.

La confusión en el rostro de Johana era obvia. Adela le sonrió con dulzura y le dijo:

—Joha, no tienes que decir nada. Yo lo entiendo todo. Sé que Ariel fue quien se equivocó, sé que por culpa de él tuviste que hacer todo esto para protegerte.

—Mientras tú estés bien, mientras sigas sana y a salvo, lo demás no importa.

Adela, como mujer, podía entender perfectamente lo que Johana había vivido. Por eso, ese día había ido a verla, solo para asegurarse de que estuviera bien, solo para platicar un poco con ella.

Johana meditó con cuidado las palabras de Adela, y finalmente, en voz baja, le dijo:

—Gracias, mamá.

Al escucharla llamarla así, Adela casi se puso a llorar. Asintió rápidamente y contestó:

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