A la mañana siguiente, Marisela Paredes pasó a visitarla.
En esos días, el único momento en que Johana se sentía de verdad feliz y relajada era cuando estaba con Marisela.
Por la mañana, fueron juntas al panteón a visitar la tumba de Cristóbal y de los padres de Johana. Ahora podía ir sin tener que esconderse o evitar a nadie, lo hacía a plena luz del día.
Al mediodía, mientras comían en un restaurante con un ambiente muy agradable, Marisela levantó la vista y le preguntó:
—¿Así que Gerardo fue a buscarte? ¿No está de acuerdo con que andes con Fermín?
Johana, que estaba sirviendo una jarra de limonada con menta en dos vasos, sonrió.
—En este Río Plata no hay secretos, ¿verdad? Hasta tú lo sabes.
Al no negar el asunto, Marisela tomó su vaso y, poniendo los ojos en blanco, soltó:
—Pues si no está de acuerdo, que no lo esté. Tampoco es que me encante la idea de que entres a esa familia Cortés. Apenas están empezando y ya hay un montón de problemas. Imagínate si de verdad se casan, sería un caos. Ese señor Gerardo es demasiado terco. ¿Qué le importa que los jóvenes tengan sus romances? Ya está grande como para meterse en esas cosas, solo se gana que la gente lo vea mal.
Antes, Marisela sentía un gran respeto por la familia Cortés. En todo Río Plata, solo hablaba bien de ellos y, en especial, de Fermín. Pero este incidente le había hecho pensar que Gerardo no era tan magnánimo como parecía.
Ante la indignación de su amiga, Johana la tranquilizó.
—Puedo entender las preocupaciones del señor. Hay que tomarlo con calma.
Si no podían estar juntos, significaba que el destino no lo quería así. No había necesidad de forzar las cosas.
—Bueno, entonces dejemos de juntarnos con Fermín —propuso Marisela—. Yo te presento a alguien mejor. Además, Joha, eres tan increíble, y ahora con tu identidad como la señorita Johana de la familia Ramírez, puedes tener al hombre que quieras.
Marisela seguía molesta por el asunto. Johana sonrió y le dijo:
—En realidad, la vida no tiene que girar en torno a un hombre o una relación. Estar bien con una misma y enfocarse en sus propios proyectos también es una excelente forma de vivir.
Mientras comía un postre, Marisela replicó:
—Está bien, entonces sé la protagonista de tu propia historia y enfócate en tu carrera. Que todos esos hombres ni sueñen con alcanzarte.

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