Dicho esto, Delfín colgó el teléfono. Sin embargo, al recordar el rostro petulante y despreocupado de Ariel, sintió una profunda aversión. No quería que se encontrara con Johana, no quería verlo regodearse.
Tras colgar, se acercó al ventanal con el semblante serio.
En ese momento, el elevador de Johana llegó a su piso. Al salir y ver la puerta de la habitación de Delfín abierta, se acercó.
—Hermano.
Al escucharla, Delfín, que estaba de pie junto al ventanal, se giró y la saludó.
—Ya regresaste.
—Sí, ya volví.
Al verla entrar, Delfín le dijo:
—La colaboración con Nueva Miramar y Avanzada Cibernética está a punto de firmarse. Probablemente tendrás que participar en el desarrollo técnico.
—Claro, seguiré sus indicaciones —respondió Johana—. Me esforzaré al máximo en la investigación y cooperaré con todos para que el producto salga al mercado lo antes posible.
Al hablar de trabajo, el entusiasmo de Johana era palpable.
—Si este sistema de control remoto se desarrolla, hay muchas posibilidades de colaborar con el ejército en el futuro. Avanzada Cibernética siempre ha tenido proyectos con ellos.
Cada una de las tres empresas tenía sus ventajas, especialmente en lo que respecta al tiempo de investigación y desarrollo. El mayor beneficio era acelerar el progreso tecnológico, lanzar nuevos sistemas más rápido y liderar a nivel mundial en muchos campos. Por eso, los gobiernos de ambas partes estaban presionando para que colaboraran cuanto antes y desarrollaran este nuevo software. Esto, a su vez, fortalecería las relaciones entre ambas regiones y traería beneficios en todos los aspectos.
—Una colaboración a tres bandas es beneficiosa para todos —coincidió Delfín—. En la investigación actual, el tiempo es crucial.

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