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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 20

Esteban observó la espalda de Melissa mientras se marchaba y no dijo una palabra.

Sus amigos a sus espaldas intervinieron:

—Karina, ¿por qué te disculpas? Leti y tú son amigas desde hace diez años. Escuchar a Melissa llamarla discapacitada y solo darle una bofetada es ser demasiado considerada.

Al ver que Esteban no apartaba la mirada de Melissa, Karina frunció el ceño.

—¿Creen que Melissa se enojó y ya no va a regresar? ¿Tal vez debería ir a explicarle que Leti y yo creamos esta coreografía hace años? Leti solo quería cumplir nuestro sueño de la infancia y no tenía intención de lastimarla.

La actitud de Esteban fue gélida:

—No hace falta.

—Karina, no te preocupes por Melissa. Aunque intentaras echarla, no se iría. Con solo una palabra de Esteban de que era buena bailando, entrenó duramente durante diez años, y en todo ese tiempo ni una vez pensó en irse. Si dejara de bailar ahora, significaría que también estaría dejando a Esteban. ¡Y eso es imposible!

Ellos no creían que Melissa fuera capaz de abandonar la danza.

—Exacto, ella regresará dócilmente sola. No le presten atención.

—¡Miren, ya regresó! Les dije, seguro no pudo soportarlo.

Efectivamente, Melissa había vuelto, pero llevaba en su mano una carta de renuncia.

Se la entregó al director general:

—Gracias por cuidar de mí durante estos cuatro años. Aquí está mi carta de renuncia.

Al escuchar sus palabras, todos se quedaron boquiabiertos, mirándola con incredulidad, congelados en su sitio.

¿Qué acababa de decir Melissa? ¡Decía que renunciaba!

—¡Melissa, te volviste loca! ¡¿Vas a renunciar?! —Incluso las personas que más la despreciaban no sentían más que asombro.

Alguien exclamó con desdén:

—¡Por más que trates de manipular la situación, Esteban jamás cambiará a Leticia solo para complacerte, así que deja de hacer el ridículo!

Pronto se dieron cuenta de que esto tenía que ser solo un juego sucio de Melissa.

—Sí, si de verdad renuncias y después vas a llorarle a Esteban para regresar, no te atrevas a volver.

Melissa sonrió levemente.

—Está bien, no regresaré.

El grupo entero enmudeció.

—¿Lo dices en serio? Debe ser una broma, llevas diez años bailando, además, ¿qué más sabes hacer aparte de bailar? No sirves para nada más.

—Cierto, no valgo gran cosa. —No quería discutir más, así que miró al director general—. Director, ¿ha aceptado mi carta de renuncia? ¿Ya puedo irme?

El director sintió como si Melissa le hubiera arrojado una brasa encendida en las manos. Miró desesperado y aturdido a Esteban.

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