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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 19

Melissa acababa de cambiarse de ropa y llegar a la sala de ensayo cuando apareció el director general.

Hizo una pausa al cruzar miradas con el director, quien esquivaba la suya.

—Melissa, hemos cambiado temporalmente a la bailarina principal, ya no hace falta que ensayes.

Se apoyó en la pared.

—¿Un cambio? ¿Por quién?

—El Director Cáceres pidió que esta oportunidad se la diéramos a la señorita Leticia Suárez. Tú podrás seguir siendo bailarina principal en el futuro, pero serás trasladada al tercer piso...

El tercer piso estaba reservado para los principiantes, quienes rara vez tenían oportunidades para actuar en vivo.

Pero el tono del director general sugería que debía sentirse agradecida por ese arreglo injusto.

Bajó la mirada, inmersa en sus pensamientos. Unos segundos después, esbozó una suave sonrisa.

—De acuerdo.

El director general suspiró aliviado en su interior. Parecía que Melissa seguía siendo la misma de siempre: en cuanto se mencionaba al Director Cáceres, aceptaba cualquier cosa.

El asistente del Director Cáceres le había pedido expresamente que la tratara bien para evitar un escándalo.

Él había temido que Melissa armara un alboroto en el lugar.

Karina Luna se acercó a Melissa. Karina era una veterana en el Centro de Arte Lumina, con más experiencia que Melissa.

—Melissa, no pienses que Leticia te quitó algo que era tuyo. Todo esto siempre le perteneció. Fuiste tú quien tomó lo que era suyo, ella solo lo está recuperando.

Al escucharla, frunció ligeramente los labios.

—¿Acaso puede bailar?

El rostro de Karina se descompuso al instante.

—Melissa, aunque ella tenga una discapacidad, se esfuerza más que nadie. Esa oportunidad se la ganó ella misma.

Ella asintió.

—Claro, se lo ganó, no fue que alguien se lo arreglara. Una persona con discapacidad entrando de último minuto para hacer un baile que se transmitirá en televisión. De verdad me pregunto...

¡Pla!. Una fuerte bofetada golpeó a Melissa. Su pálida mejilla se tornó roja e inflamada al instante.

Casi sin dudarlo, levantó la mano para devolverle el golpe.

Pero, más rápido que ella, una mano grande y firme la sujetó por la muñeca.

Siguiendo esa mano elegante, sus ojos se encontraron con un reloj que conocía muy bien, los gemelos de piedras preciosas, el traje negro y aquel rostro que en el pasado había idolatrado.

El hombre, con una presencia imponente, dijo en voz baja:

—Melissa, ¿a quién crees que vas a golpear?

En ese instante, no pudo contenerse más. Las lágrimas desbordaron sus ojos, deslizándose sobre su mejilla inflamada, causando un ardor insoportable.

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