Mía parpadeó con sus grandes ojos.
—¿La señora Meli va a tener un bebito? ¡Qué padrísimo! Así podré jugar con el bebé de la señora Meli.
Después de decir esto, tomó la mano de Andrés.
—Y jugaremos todos juntos cuando nazca.
La anciana les sirvió camarones a los dos niños.
—Ay, qué niños tan adorables. Ojalá que mi futuro bisnieto salga igual de lindo y educado que ustedes.
Mientras hablaba, dirigió su mirada hacia Melissa y Esteban.
Al hacerlo, la anciana notó de inmediato que, en ese momento, Melissa y Esteban apenas cruzaban miradas.
En el pasado, aunque Esteban siempre se mostrara frío y distante, Melissa no dejaba de mirarlo con los ojos llenos de brillo.
Pero ahora, Melissa mantenía la mirada baja, sin voltear a ver a Esteban ni una sola vez.
La abuela pensó para sus adentros: *Tienen que apurarse a tener un bebé para que su matrimonio sea estable. Si dejan pasar más tiempo, quién sabe, tal vez esa mujercita de apellido Suárez termine metiéndose en medio.* Ella jamás permitiría que una mujer divorciada se uniera a su nieto. Aunque Melissa parecía un simple florero de adorno sin mucho talento, al menos era una muchacha decente y muy bonita.
Después de la cena, la anciana le pidió a Esteban y a Melissa que la acompañaran a dar una vuelta por el jardín.
Durante el paseo, preguntó la hora en varias ocasiones.
A Melissa le pareció que la abuela estaba actuando muy raro.
—Ya es tarde, váyanse a descansar —dijo la anciana tras revisar el reloj por última vez.
Melissa y Esteban entraron a la recámara casi al mismo tiempo.
Él se quitó la chaqueta, agarró una bata de baño y entró directo a la ducha.
Melissa se sentó en un pequeño sofá, sacó su celular y empezó a llenar la solicitud para la feria tecnológica, la cual resultó ser bastante tediosa.
Iba a la mitad cuando sintió que el cuerpo le empezaba a arder de calor, así que bajó la temperatura del aire acondicionado y se recostó boca abajo en el sofá para continuar.
Hasta que una sombra se proyectó sobre ella.

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