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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 34

Pero ahora, aunque supiera que la abuela iba a sospechar, era incapaz de mostrarse cercana a Esteban.

Esteban le dirigió una mirada indiferente y, al notar su falta de reacción, apartó la vista en silencio.

—Abuela, ya llevamos cuatro años casados.

La abuela resopló con desdén.

—Solo cuatro años y ya perdieron la pasión. Meli todavía es muy joven, es obvio que le gustan los ambientes más vivaces. Tú ni te esfuerzas por seguirle el ritmo. Cuidado y te deja por alguien más joven.

La voz del hombre se mantuvo firme.

—Ella no haría eso.

Conteniendo su fastidio, Melissa intervino:

—Abuela, el cielo se ve como si fuera a llover. Mejor subimos.

La anciana miró el cielo oscuro y nublado.

—Está bien, vamos.

Al entrar al elevador, de pura casualidad, se toparon con Leticia. Llevaba la bata del hospital bajo una chaqueta y aún tenía la vía del suero en la mano, como si acabara de salir de un tratamiento.

El rostro de la abuela se ensombreció de inmediato, pero al recordar que Leticia les era útil, disimuló su repulsión.

—¿Qué haces aquí?

Melissa también se sorprendió. ¿Acaso Leticia ya se había mudado con Esteban?

Leticia no esperaba encontrarse con la abuela y, apretando los dientes, respondió:

—Nada.

Pero Melissa notó lo que llevaba en las manos: un formulario para una actividad escolar de padres e hijos. Los espacios de la madre y del niño ya estaban llenos, pero la información del padre estaba en blanco.

Su intención era clarísima.

La abuela, que tenía un ojo clínico, también se dio cuenta y espetó con frialdad:

—¡A saber con qué cualquiera tuviste a ese niño! ¿Acaso pretendes que Esteban vaya a jugar al papá contigo? ¡Ni lo sueñes!

Esteban se puso delante de su abuela y miró a Leticia.

—Regresa a tu casa.

Leticia, sin ganas de enfrentarse a la abuela, dio media vuelta y se marchó.

La abuela miró a Esteban, exigiéndole explicaciones:

—¿Por qué vino a buscarte? Esteban, no vayas a ablandarte con ella. Tienes que recordar que eres un hombre casado. Hay que separar el trabajo del matrimonio.

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