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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 54

Mientras hablaba, las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro marchito.

—Seguro le pasó algo grave. Melissa, no me mientas más. Dime qué tan grave está.

En ese instante, Melissa no pudo soportarlo más y rompió en llanto.

Con el pecho temblando y tomando grandes bocanadas de aire, abrazó a su abuela.

—Abuela, me tienes a mí. El abuelo solo necesita reposo, y tú también. Regresemos a tu cuarto, ¿sí? Te traje la sopa que tanto te gusta.

—Si no me dices qué le pasó hoy mismo, no pienso regresar —le temblaban los labios a la anciana—. Debe haberle pasado algo terrible. Cuando yo me enfermé, él no se apartó de mi lado para cuidarme, y ahora que él está mal, ni siquiera me dejan verlo. No es justo para él, y no es justo para mí.

Melissa respiró hondo.

—Abuela...

A ella también se le partía el alma.

—Dímelo, Melissa. No importa qué sea, lo puedo soportar. Siempre y cuando no esté... —apretó los dientes. Las personas mayores le temen a la muerte y ni siquiera se atrevía a pronunciar la palabra.

—¡No, no es eso! —No le quedó otra opción que decirle la verdad. En el fondo sabía que no podría ocultárselo por mucho tiempo.

Al escucharla, la anciana se tambaleó y casi se desploma en el suelo.

Melissa la sostuvo con fuerza, escuchándola decir con un hilo de voz:

—Llévame a verlo.

—Abuela, espera un poco más, ¿sí?

El aspecto de su abuelo era desgarrador. Tenía el rostro color ceniza, el cabello completamente blanco. Si Melissa, que estaba joven y sana, lloraba hasta sentir punzadas en el pecho y casi desmayarse cada vez que lo veía...

¿Cómo iba a soportarlo su abuela?

Pero la anciana fue inflexible. Sin otra salida, Melissa aceptó llevarla.

El médico le hizo una revisión exhaustiva a la abuela antes de autorizar un permiso de tres horas para salir del hospital, con la condición estricta de que regresara en dos.

En el auto, Melissa trató de distraerla contándole anécdotas al azar.

La abuela la escuchó un rato y de pronto preguntó:

—¿Cómo van las cosas entre tú y Esteban?

Melissa se tensó un segundo, pero asintió.

—Muy bien.

—¿Siguen peleando?

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