Al regresar a Senderos de Oro esa noche, se topó con el hombre sentado en la sala, esperándola para ajustar cuentas.
La casa era inmensa, pero Esteban solía moverse únicamente entre el estudio, la recámara y el gimnasio.
Lo ignoró olímpicamente y se dirigió directo a la recámara para cambiarse de ropa, pero él la detuvo.
—¿Qué locura acabas de publicar en Instagram?
—No es ninguna locura —respondió ella con una sonrisa natural—. Solo pensé que, con un esposo tan guapo, debería compartir la vista para que todos la aprecien. Apuesto a que me lo están agradeciendo en secreto.
El hombre frunció el ceño, sus ojos tan oscuros como la tinta.
—Bórrala.
—No quiero —Melissa agitó su celular frente a él—. Es mi teléfono y publico lo que me da la gana.
—¿A quién más se la enviaste?
—A todos los que me mandaron mensaje pidiéndola.
Con una sonrisa radiante, se dio media vuelta y lo dejó con la palabra en la boca.
Esteban se quedó helado, observando su sonrisa. Guardó silencio. En su propio celular, los mensajes de sus amigos no paraban de llegar:
*«Hermano, Melissa se está pasando de la raya. ¿Para cuándo el divorcio? Leti te sigue esperando»*.
Él clavó la mirada en la puerta cerrada de la recámara y murmuró con voz ronca:
—Pronto.
El día de la exposición científica llegó rápido.
Melissa se levantó temprano y escogió un traje sastre color beige de estilo relajado. El corte holgado le daba un aire elegante pero casual. Llevaba una camiseta blanca básica por dentro, un pantalón de corte recto y tiro alto, y el cabello recogido con descuido, dejando caer unos mechones sobre sus mejillas. Lucía radiante, como el sol de primavera.
Temía que la abuela la obligara a borrar la publicación al enterarse del escándalo, pero, sorprendentemente, aunque la anciana puso mala cara, no dijo ni una palabra.
Probablemente también quería que Melissa le diera una lección a Leticia.
La exposición estaba llena de caras conocidas de su círculo social.
Al verla entrar, la mayoría no pudo ocultar su sorpresa.
El traje resaltaba su figura estilizada y su porte seguro. Era inevitable que las miradas se desviaran hacia ella. Parecía que la antigua Melissa había vuelto: la que brillaba con luz propia, imponente y audaz, robándose la atención como un estallido de color en un cuarto gris.
Y a ella le resbalaban esas miradas. Remangó el saco hasta los codos, dejando al descubierto sus delgadas muñecas, y caminó con pasos ligeros, con la barbilla en alto y un brillo desafiante en los ojos.
Por supuesto, a algunos les hervía la sangre verla, especialmente a los que había humillado por Instagram.
—¿A qué viniste? ¿A ver el proyecto de Leti? Ja, solo vas a lograr deprimirte de lo inútil que eres.

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