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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 56

¿Cómo era posible que atraparan al saboteador en el momento exacto, y que este entregara en bandeja de plata al mayor rival del certamen?

De repente, recordó la conversación que escuchó a escondidas en el club. Esteban había comprado el robot para Leticia con el único fin de llevarla a la cima. ¿Acaso no sería él mismo quien orquestó todo este teatro?

Si hubiera sido la Melissa de antes, jamás habría creído a Esteban capaz de algo así. Pero ahora, sabía perfectamente que por Leticia, él estaba dispuesto a cruzar cualquier límite moral.

Sintió un inmenso alivio. Menos mal que cuando el Profesor Aidan le sugirió usar el seudónimo "Hera" para inscribir su obra, ella decidió cambiarlo a último minuto para evitar que la familia Cáceres la rastreara.

Si hubiera usado el nombre "Hera", no dudaba ni un segundo que Esteban habría sido capaz de armarle una trampa similar con tal de asegurar el triunfo de su adorada Leticia.

El celular vibró. Era un mensaje de Delfina.

Una nueva captura de pantalla.

Era la historia de Instagram de Leticia: ella cenando en un restaurante lujoso con Esteban y el pequeño Andrés. Parecían la postal de una familia perfecta.

La descripción decía: *El jefe me trajo para calmar el susto.*

Casi todos los "Me gusta" eran de personas del círculo íntimo de Esteban, personas que Melissa conocía perfectamente.

Esos mismos que jamás reaccionaban cuando Melissa subía algo, o que, cuando se atrevía a subir fotos con Esteban, comentaban sarcásticamente que "no hacían buena pareja".

En cambio, la publicación de Leticia rebosaba de comentarios halagadores, felicitaciones y bromas cómplices.

Melissa abrió su propio perfil.

Definitivamente había sido demasiado amable. ¿Cómo se atrevía la amante a provocarla de esa forma en público?

El objetivo de Delfina al enviarle la captura era obvio: quería verla enloquecer de celos, hacer un escándalo, ir a buscarlos al restaurante para arrastrar a Leticia por el suelo, y finalmente ser humillada y reprendida por Esteban.

Pero Melissa ya no iba a caer en ese juego desgastante.

Entró a su galería y seleccionó una foto. De fondo, se veía la lujosa habitación que compartía con Esteban. En la imagen, el hombre estaba sentado en el sillón, relajado, usando solo una toalla alrededor de la cintura y fumando un cigarrillo. En su espalda desnuda se asomaban marcas sugerentes de arañazos.

En el pasado, Melissa jamás habría publicado algo tan íntimo. Era un recuerdo personal guardado celosamente. Tampoco se habría atrevido; a Esteban le enfurecían las demostraciones públicas de afecto.

Pero hoy, redactó el texto y publicó la foto privada en su Instagram sin titubear.

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