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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 59

Poco a poco, una multitud cada vez más grande comenzó a congregarse alrededor de uno de los proyectos ubicados al final de la sala.

El robot medía apenas unos veinte centímetros de altura. Su diseño era de líneas suaves y fluidas, completamente desprovisto de esa apariencia tosca y fría típica de la maquinaria industrial.

No tenía un ensamblaje complejo en la parte frontal. En su lugar, lucía una pantalla holográfica estrecha de alta definición que emitía una tenue luz azul violeta, la cual funcionaba como ojos simulados. Durante el escaneo de salud, las luces cambiaban a un verde digital, pero al activar el modo de combate, se transformaban instantáneamente en un rojo penetrante y hostil.

Nombre del proyecto: Micro-Guardián.

Desarrollador: Siete.

Dimensiones: 22 cm de alto, 0.8 kg de peso neto.

Era el proyecto de Melissa.

Ella no quería revelar su verdadera identidad, temiendo que si lo hacía, el divorcio con Esteban se volvería una guerra imposible de ganar.

Por eso le pidió a Marcos Zamora que se encargara de la presentación en su lugar.

Nadie hubiera imaginado que Marcos accedería a ayudar a la persona que más detestaba en el pasado.

—¿Me estás diciendo que este robot no solo evalúa el estado de salud humano, sino que también está diseñado para combate a alta intensidad? ¿Ambas funciones en el mismo dispositivo?

Marcos asintió con firmeza.

—Integra escáneres infrarrojos y espectrometría a microescala. Puede medir la frecuencia cardíaca, temperatura corporal y niveles de oligoelementos con un reporte completo en 10 segundos. Y además, tiene capacidad de combate táctico cuerpo a cuerpo.

El público murmuró incrédulo. ¿Un dispositivo tan diminuto, varias veces más pequeño que cualquier otro robot en la exposición, con capacidades tan letales?

Marcos tomó un robot de combate convencional que ya tenía preparado y lo colocó en la plataforma de exhibición.

Este modelo oponente seguía una línea de ataque pesado.

Una vez que ambos estuvieron en la arena...

El robot pesado lanzó un golpe demoledor que dio al aire. En el milisegundo que perdió el equilibrio, el pequeño Micro-Guardián usó sus articulaciones súper ágiles para dar un salto propulsado. Desplegó una microcuchilla de energía y la deslizó con precisión quirúrgica por la rendija del blindaje enemigo, justo en el punto ciego entre el sistema de ventilación y el eje articular.

Al segundo siguiente, una ráfaga electromagnética detonó con un chispazo.

Los sensores ópticos del gigante parpadearon en rojo antes de apagarse por completo. Su sistema hidráulico colapsó y se desplomó como un bloque de plomo, totalmente inutilizado.

La batalla duró apenas unos segundos. El pequeño robot había ejecutado un contraataque magistral, derrotando a un rival inmenso de la forma más elegante posible.

Hubo un silencio sepulcral en la sala, seguido de una explosión de aplausos ensordecedores.

Desde su esquina, Melissa sonrió, segura de sí misma. No le sorprendía en lo absoluto.

De reojo, notó que la mirada de Esteban estaba fija en ella. Se tensó un instante y apartó la vista de inmediato.

Marcos presionó otro comando y las luces del Micro-Guardián volvieron a un tono azul pacífico, entrando de nuevo en modo de diagnóstico médico.

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