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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 63

Después de la exhibición de tecnología, el Micro-Guardián de Melissa captó la atención de numerosos inversionistas. Todo el equipo estaba eufórico, y el Profesor Aidan organizó una cena especial para celebrar el logro de su alumna.

Tras el incidente de la última vez que terminó ebria en Senderos de Oro, Melissa decidió no probar ni una gota de alcohol.

Durante la cena, el Profesor Aidan le preguntó sobre el futuro de su robot.

Melissa ya lo tenía claro: daría prioridad a empresas con capacidad de implementación tecnológica, una cadena industrial sólida, y que aceptaran no exigir la transferencia de patentes esenciales ni el control del proyecto.

Aunque le habían llovido ofertas, muy pocas aceptaban una sociedad sin buscar adquirir el control total.

Marcos Zamora la ayudó a filtrar las opciones, dejando solo tres: Consorcio Cáceres, Corporación Valle Azul y Empresas Alborada.

Naturalmente, Melissa no quería ningún vínculo con la familia Cáceres, así que descartó el Consorcio de inmediato.

Al terminar la cena, se dirigió al hospital para visitar a sus abuelos.

Una vez que su abuela supo la verdad, Melissa los instaló a ambos en la misma habitación.

Al abrir la puerta, encontró a su tía, Carina Soto.

Tenía el rostro pálido y profundas ojeras que delataban su cansancio extremo.

Carina trabajaba en el Consorcio Cáceres, ganaba un sueldo altísimo, pero su carga laboral era brutal y las horas extras, constantes.

—Viniste —dijo Carina con frialdad, aunque mucho mejor que el abierto desprecio de su tío.

Al menos, ella nunca la había insultado.

—Tía —saludó Melissa acercándose.

Carina no se movió de su sitio, solo la miró fijamente.

—¿Cuánto costaron los gastos médicos? Te haré una transferencia para pagarte.

Melissa se detuvo, sintiendo un nudo en la garganta.

Su tía siempre actuaba así. A diferencia de su tío Orlando, que la odiaba pero solo buscaba sacarle dinero, Carina parecía aterrada de tener algún vínculo con ella y buscaba mantener distancia a toda costa.

—Tía, ellos también son mis abuelos. Era mi deber pagar. Además, tú trabajas demasiado y... —no pudo terminar la frase.

Carina estalló repentinamente.

—¡Si de verdad crees que trabajo demasiado, entonces aléjate de mi familia!

Melissa quedó desconcertada por los gritos, y su voz tembló ligeramente.

—Tía, ¿qué te hice? ¿Por qué siempre intentas alejarme?

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