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No me Llames Señora Cáceres, Llámame Hera romance Capítulo 77

La abuela dejó escapar un suspiro: —La invité para que te quede claro algo. No importa lo brillante que sea ni que ahora sea jefa de proyecto, la señora Cáceres siempre serás tú.

La anciana dio unos toquecitos sobre la mesa con sus dedos: —La comida que se preparó hoy es tu favorita. A fin de cuentas, ella no es más que una visita.

La abuela había llevado a Leticia a la casa únicamente para darle una lección a Esteban.

Se volvió hacia su nieto y le habló con un tono severo: —Apenas me enteré de que te peleaste a golpes con Gerardo por ella. Esteban, ¿de verdad crees que tu abuelo y yo estamos tan viejos que ya no nos enteramos de nada? El viejo Herrera fue a pescar con tu abuelo el otro día y dejó caer la indirecta. No tires a la basura la alianza de nuestras familias. Gerardo ha estado a tu lado desde que eran niños, te llama 'hermano'. No puedes dejar que cualquier mujer arruine ese vínculo.

Esteban mantuvo un semblante impasible: —Iré a su casa a pedirle disculpas.

—Bien, me alegra que sepas medir las consecuencias.

Leticia, parada a un lado, tenía el rostro desencajado.

De verdad había creído que la abuela la valoraba y por eso la había invitado.

Jamás imaginó que la habían llevado solo para humillarla frente a Melissa. Se dio cuenta de que no importaba lo excepcional que fuera ni los millones que le hiciera ganar al consorcio; por su discapacidad física, nunca la aceptarían como la señora Cáceres.

A Leticia se le llenaron los ojos de lágrimas: —Señora, si tanto me desprecia y cree que soy menos por mi discapacidad física, ¿sabe que en aquel accidente de hace cuatro años, si no hubiera sido por mí, el que habría perdido la pierna sería su nieto?

Melissa se estremeció de pies a cabeza.

La abuela también se quedó muda por un segundo: —¿Qué dijiste?

Esteban le dio unas suaves palmadas en el hombro a Leticia para calmarla: —Yo te lo explico, abuela. El accidente de auto de hace cuatro años iba dirigido a mí. Leticia tomó mi lugar en ese vehículo.

Melissa pensó: *Con razón está dispuesto a hacer cualquier cosa por ella.* No solo era su amor platónico, sino que también le había salvado la vida. Una deuda de esa magnitud, Esteban tendría que pagarla por el resto de sus días.

La abuela se quedó sin palabras.

Al ver el silencio de la anciana, Melissa comprendió que, ante una deuda de vida como esa, incluso la matriarca de la familia tendría que ceder y tratar a Leticia con respeto.

De pronto, sintió un cansancio abrumador.

Se arrepentía con toda su alma de haberse casado con Esteban.

La abuela miró a Leticia y dijo pensativa: —Siéntense a comer.

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