Douglas la observó con una intensidad casi devoradora, esperando al fin ver esa fisura en su mirada testaruda.
Quería comprobar la sospecha que hacía que su corazón latiera como loco, pero la señal de pánico en los ojos de Lilianne… jamás llegó.
Una sonrisa fría se extendió por sus sexis labios color nude.
—Veo que, además de controlador, ahora también eres un acosador y tienes alucinaciones. Qué lindo currículum, señor Calder —alzó la barbilla hasta que sus narices casi se rozaron y sus respiraciones apresuradas se entrelazaron.
Una energía intensa crepitaba entre ellos.
—No juegues conmigo, Lilianne. Sé que esas bebés son mías y las apartaste de mi lado…
—Mis hijas son mías, Douglas, y no eres el único hombre con esperma en el mundo —le dijo entre dientes, jalando su brazo con fuerza para liberarse.
—. ¿Acaso crees que nunca me acosté con otro cuando me divorcié de ti? Soy una mujer libre…
—¡No eres una maldita mujer libre, Lilianne!
Douglas fue el primero en perder la paciencia.
Ella estaba jugando con él como nunca y eso le provocaba muchas emociones nuevas.
—Nena, qué ilusa eres… —Su risa ronca, sin pizca de gracia, hizo estremecer a Lily.
Por dentro estaba temblando, aunque por fuera fingiera ser de acero.
—¿Crees que ese papel que dejaste firmado tenía alguna validez legal?
Cuando le hizo esa pregunta, Lilianne sintió que el suelo se sacudía bajo sus pies.
Se había preparado para el tema de las gemelas, pero no para este golpe.
—Claro que es legal. Karla se encargó de hacer el trabajo sucio por ti. Ella no cometería ese error…
—Karla fue una tonta que me subestimó y lo pagó bien caro. Un acuerdo de divorcio, sin notificarme, conseguido mediante sobornos y firmado solo por ti, no tiene validez alguna, mi amor…
Douglas dio un paso hacia ella, cubriéndola con su sombra, disfrutando al fin del desconcierto en el rostro de Lilianne.
—Han… han pasado cinco años. Es imposible que…
Douglas no esperó a que terminara de balbucear.
Su mano fue a sostener su cintura, pegándola con fuerza a su pecho, mientras controlaba su barbilla con los dedos.
—Aunque hayan pasado mil años, aquí o donde sea… sigues siendo mi maldita mujer. Cámbiate el apellido o haz lo que quieras, pero, legalmente, eres Lilianne Calder…
—No, no… —La furia subió por la garganta de Lilianne.
Era imposible que siguiera atada a Douglas. Se rehusaba.
—No me puedes obligar. Solicitaré el divorcio de inmediato. Tanto tiempo separados debe servir de algo… ¡Suéltame de una vez!
Giró la cara cuando él fue a besarla.
Su corazón latía tan fuerte que creyó que se le saldría del pecho.
Las niñas… Él tendría aún más derechos sobre las niñas.
Douglas suspiró y su aliento caliente cayó sobre el oído de Lily mientras la observaba fijamente.
—Sé que te hice mucho daño, pero solo te pido una última oportunidad. Quiero conocer a mis hijas. Necesitan un padre…
—¡Ellas no son tus malditas hijas! ¡Entiéndelo de una vez!
Ahora sí que le había tocado la fibra sensible.
Douglas la soltó enseguida antes de recibir otro pisotón demoledor o, peor aún, un golpe directo en sus nueces doradas.
Veía que esta conversación no llegaría a ningún lado.
—¡No te acerques a ellas porque te juro, Douglas Calder, que ese tiro que recibí por ti soy capaz de metértelo yo misma en el centro de la frente si intentas algo con mis bebés!
Lo señaló con un dedo y lo decía muy en serio.
Douglas frunció el ceño ante la amenaza de muerte.
La ferocidad de Lilianne solo seguía confirmando su sospecha.

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