—¡Para mí, estás muerto!
Dante soltó una risa amarga.
—Me voy a ir de verdad, ¿eh? ¡Y luego no habrá nadie que cuide de ti en tu vejez ni que te dé sepultura!
—¡Lárgate! ¡No me interesa que un inútil como tú me cuide!
—¿Entonces tampoco te interesa tu nieto?
Sergio se quedó paralizado al instante.
—¿Qué quieres decir?
Dante se irguió un poco.
—Ella ya está esperando un hijo mío.
Sergio se quedó tan consternado que no pudo emitir ni una palabra.
Tardó un buen rato en recuperar el aliento.
—¿De verdad es tuyo?
Dante finalmente se atrevió a acercarse.
—Cien por ciento mío.
Entonces Sergio lo comprendió todo.
—Con razón ya casi no parabas en casa, ¿todo este tiempo te la pasaste durmiendo con esa mujer?
—Dante, Dante... ya no sé qué decirte.
Dante le rogó con una sonrisa cínica.
—¡Papá! Las cosas ya llegaron a este punto. Cálmate un poco y déjame casarme con ella.
—¡Tonterías!
La mente de Sergio aún estaba lo suficientemente lúcida.
—Si quieres meterla en la familia Cortés, tendrá que ser sobre mi cadáver.
—¿Acaso no has pensado en cómo le daremos la cara a Noel si te casas con ella? ¿Cómo le explicaremos a tu tío Joaquín? ¡Esos dos nos van a despellejar vivos!
A Dante no le importó.
—Lo suyo con mi primo Noel ya es cosa del pasado...
—¡Cosa del pasado un cuerno!
Sergio le soltó un manazo en la nuca.
—¡Esas cosas nunca se olvidan!
—Además, ¿cómo crees que se verá? Su ex prometida de repente se convierte en su cuñada y la tendrá que ver en las reuniones familiares. ¿Acaso no lo haces a propósito para amargarle la vida a tu primo?
—¡Estás jugando con fuego, estás cavando tu propia tumba!
Dante se sintió ofendido al escuchar eso.
—¡Mi primo! ¡Mi primo! ¡¿Acaso vamos a vivir bajo su sombra toda la vida?!
—¡Ya estoy harto!
—Yo también llevo el apellido Cortés, ¿por qué Noel se lleva toda la gloria y yo solo me conformo con unas migajas de las acciones de la familia?

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