Zulema lo miró asombrada.
—Hermano Xavier, ¿conoces a esta chica?
Venancio la atrajo hacia sí y le hizo una seña para que guardara silencio.
«Interesante», pensó.
Al parecer, la mujer que Xavier había buscado durante tres años, finalmente había aparecido.
De pronto, la mujer echó a correr. Xavier no la persiguió, pero su mirada no se apartó de ella hasta que desapareció de su vista.
Zulema rompió el silencio.
—Hermano Xavier, ¿por qué no fuiste tras ella?
Xavier resopló con frialdad.
—No tengo la costumbre de rogarle a nadie. Ella vendrá a buscarme.
Zulema sintió un escalofrío y tuvo ganas de interrogarlo, pero lo pensó mejor y se contuvo. La expresión actual de Xavier no presagiaba nada bueno.
Venancio le palmeó el hombro.
—No pongas esa cara, vas a asustar a mi esposa.
Al escuchar esa palabra, la cara de Zulema se iluminó.
—¡Esposo!
Venancio no pudo evitar sonreír. Esa pequeña era verdaderamente adorable.
Xavier: —¿Y Gael? ¿Por qué no lo he visto en todo el día?
Incluso Hugo, que aún no se recuperaba del todo de sus heridas, había ido a ayudar con los preparativos en el lugar de la boda, pero Gael brillaba por su ausencia.
Al mencionar el tema, Venancio suspiró.
—Es un misterio si siquiera aparecerá para la boda.
—Ese muchacho parece otra persona. Todavía no me acostumbro.
—El viejo Gael era genial; decía lo que pensaba, no le temía a nada ni a nadie.
—Pero ahora, hay que sacarle las palabras con sacacorchos.
Xavier: —Es el hermano de Nanette. Si no viene, ella se sentirá muy triste.
Venancio: —Ni que lo digas. No sé qué mosca le picó para comportarse así en un momento tan importante.
Xavier: —No es un capricho. Simplemente hay cosas que aún no puede superar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó