Hugo se quedó paralizado.
—¿Qué dijiste...?
—Ah, ¿entonces no te lo contó? —David sonrió, rebosante de arrogancia y veneno—.
»No te dejes engañar por su carita de mosca muerta. Por dentro es una víbora despiadada. ¡Fue capaz de matar a su propio padre!
Hugo estalló en rabia.
—¡Cállate la boca, maldito mentiroso!
—Pregúntale si no me crees —insistió David—. O mejor, investígalo tú mismo. Es una asesina que pasó tiempo en la cárcel, y en cuanto salió, se metió a un club nocturno para venderse como chica de compañía.
»Esa carita bonita está más sucia que el lodo. Ella es...
¡Zas!
De la nada, una bandeja voló por los aires y se estrelló directamente contra el pecho de David.
El golpe le sacó todo el aire de los pulmones.
Antes de que pudiera reaccionar, Isaac apareció corriendo y le asestó una patada voladora que lo mandó a rodar por el suelo.
Y entonces, Irene presenció la escena más inolvidable de toda su vida.
Zulema y Valeria llegaron corriendo como un par de leonas furiosas, y empezaron a patear y golpear a David sin piedad.
—¡Para que aprendas a no meterte con Irene!
—¡Te vamos a matar, infeliz!
—¡Basura de hombre!
—¡Si vuelves a molestarla, te rompo las dos piernas!
—¡Toma! ¡Y toma!
Zulema era la que pateaba con más saña.
Venancio tuvo que acercarse rápidamente y abrazarla por la cintura para alejarla.
—Mi amor, basta, lo vas a matar.
Félix también intervino para jalar a Valeria hacia atrás.
Al ver que el último golpe de Valeria no había conectado bien, Félix levantó su propio pie y le dio una patada extra a David por pura solidaridad.
Nanette corrió hacia Irene y la envolvió en un abrazo protector.
—No tengas miedo, estamos aquí contigo.
Pero Irene la apartó con suavidad. Paseó su mirada por todos sus amigos.
—Tiene razón —dijo con la voz quebrada—. Todo lo que dijo es verdad. Soy una asesina.
»Yo maté a un hombre. Yo estuve en la cárcel...

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