Era la primera vez que Hugo besaba a alguien.
Fue un beso tenso, bastante inexperto.
Pero logró que el corazón de Irene se tranquilizara poco a poco.
Hugo tomó su rostro entre las manos, con una mirada firme.
—No es tu culpa. El destino te jugó una mala pasada. No me importa en absoluto lo que hayas hecho en el pasado, solo me importa tu futuro. Solo me importa que de ahora en adelante puedas vivir en paz y muy feliz.
—No tengas miedo, y no dejes que el pasado te atrape. Me tienes a mí, nos tienes a todos. Vas a ser muy, pero muy feliz.
Irene se mordió el labio con fuerza.
—Seguro todos están muy decepcionados de mí...
—Ya lo sabíamos —sonó la voz de Noel Cortés a sus espaldas.
Irene se dio la vuelta, asustada.
—Ustedes ya lo sabían...
Noel sonrió con ligereza.
—Primero que nada, te pido disculpas. Como al principio te acercaste mucho a mi esposa, y por su seguridad, le pedí a Venancio que te investigara. Así que desde ese momento sé todo sobre tu pasado.
Nanette Larco intervino.
—Lo sabemos, pero a nadie le importa.
Nanette se acercó y le limpió las lágrimas de los ojos.
—¿Qué más da? A ninguno de nosotros nos importa tu pasado. Solo sabemos que la Irene que nosotros conocemos es una buena mujer, hermosa, elegante, empática y de buen corazón.
Los ojos de Irene volvieron a llenarse de lágrimas.
—Nanette...
—Ya basta —sonrió Nanette con ternura—. Eres una persona tan inteligente y perspicaz, ¿cómo es que hoy te dejaste confundir y asustar por unas cuantas palabras de otros? ¿Acaso en tu corazón aún no nos consideras tus verdaderos amigos?
Irene sonrió entre lágrimas.
—No quise decir eso.
Nanette cambió de tema a propósito.

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