Una mezcla de emociones complejas cruzó por la mirada de Gael.
Al escuchar esa frase, ¿debería sentir alivio?
Entonces, ¿por qué sentía esa extraña incomodidad en el pecho?
Pero bueno, era solo una leve incomodidad.
Era mucho más fácil de asimilar que la tensión constante que sentía cada vez que la veía.
Elisa continuó: —Así que, por favor, olvida lo que pasó. Solo estaba furiosa de que me quisieras correr de la empresa, y por eso decidí jugarte esa broma.
La mirada de Gael se ensombreció.
—En el futuro, evita ese tipo de juegos inmaduros.
Elisa forzó una sonrisa. —Entendido. Te lo prometo.
Gael: —Si no hay nada más, regresa a trabajar.
Elisa asintió.
—Claro.
Gael se quedó allí, viéndola marcharse.
Hasta que desapareció por el pasillo, no volteó ni una sola vez. E incluso, al cruzarse con algunos colegas, los saludó de manera efusiva y casual, como si nada hubiera pasado.
Al parecer, ese día realmente solo estaba jugando con él.
Y él casi cae en la trampa...
***
Al día siguiente.
Gael se encontró de nuevo con Elisa en el estacionamiento subterráneo.
Pero esta vez no venía sola.
Junto a ella había un hombre con lentes, de aspecto refinado y muy apuesto.
Al ver a Gael, Elisa se aferró del brazo del hombre y caminaron hacia él.
—Señor Solano.
La mirada de Gael se detuvo por un instante en el brazo entrelazado de Elisa.
Elisa: —Te presento a mi novio, Matías.
Luego se dirigió al hombre: —Él es el presidente de Nube Alta, el señor Solano.
Matías extendió la mano.
—Un placer, señor Solano. He escuchado mucho sobre usted.
Gael no le devolvió el saludo.
—Tengo asuntos que atender. Con permiso.
En realidad, no tenía ningún asunto urgente.
Solo que no quería ver algo que le resultaba tan desagradable.
Aunque él mismo no entendía muy bien por qué le molestaba tanto.
Elisa se apresuró y detuvo la puerta del auto antes de que Gael pudiera cerrarla.
—Señor Solano.
Gael sintió una ola de irritación.

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