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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 377

Una llamada de Galileo Godoy trajo a Nanette de vuelta a la realidad.

Al ver el número en la pantalla, le pareció un poco familiar; tras pensarlo un segundo, recordó que pertenecía a su exesposo.

Nanette podía adivinar perfectamente el motivo de la llamada.

Seguramente ya había descubierto toda la verdad sobre su identidad.

Y la estaba llamando simplemente porque no podía asimilarlo y necesitaba escucharla admitirlo de su propia boca.

Las sospechas de Nanette eran totalmente acertadas.

Ese era exactamente el estado mental en el que se encontraba Galileo.

Llamó innumerables veces, pero nadie contestaba, hasta que finalmente lo mandaron directo a la lista de números bloqueados.

Galileo contuvo el impulso de estrellar el teléfono contra el piso.

Después de todo, lo había comprado hacía apenas unos días.

Media hora más tarde...

Altavista Premier.

Galileo estaba parado frente a la puerta, intentando adivinar la contraseña de la cerradura electrónica.

Su primera opción fue, lógicamente, el cumpleaños de Nanette.

El resultado...

Contraseña incorrecta.

Lo pensó por un largo rato, sintiéndose un poco inseguro de si la fecha que él recordaba era realmente su cumpleaños.

Su segunda opción fue la fecha de su aniversario de bodas.

Esa fecha la tenía muy presente. Porque ese mismo día, la mujer que él realmente amaba se había casado con su hermano menor.

Por desgracia, el sistema volvió a indicar: contraseña incorrecta.

Justo cuando se disponía a intentarlo una vez más, la puerta se abrió de golpe.

Galileo se alegró por un instante, pensando que Nanette había regresado.

Pero lo que se topó fue el rostro gélido e inexpresivo de un hombre.

Galileo se quedó helado y soltó por instinto:

—¿Y tú quién eres?

Gael acababa de salir de la ducha; todavía tenía el cabello húmedo y un aire relajado y somnoliento. Con sus facciones marcadas y su mandíbula fuerte, era un hombre que desprendía un magnetismo innegable.

Gael le respondió con total frialdad:

—¿Y tú quién eres?

Una chispa de rabia se encendió en el pecho de Galileo.

—¡Te hice una pregunta!

Gael no le concedió ni un milímetro de respeto.

—Yo también te hice una.

Pero Gael le bloqueó el paso con el cuerpo.

—Si necesitas algo, llámala por teléfono.

Galileo apretó la mandíbula.

—Me bloqueó el número.

Aquel segundo «Oh» de Gael vino cargado de un significado muy particular.

—Ella no está aquí.

Y sin más preámbulos, le cerró la puerta en las narices.

Galileo se quedó parado como un idiota por un buen rato.

Aquel portazo le hizo hervir la sangre de furia.

De por sí ya venía con la cabeza llena de dudas que necesitaba resolver, y ahora, la aparición de ese individuo sospechoso lo ponía al borde de un ataque de nervios.

***

Poco después, Nanette recibió un mensaje de Gael.

[Tu exesposo vino a buscarte. Sigue en la puerta, no se ha ido.]

Nanette suspiró con frustración.

¿Desde cuándo Galileo Godoy se había vuelto tan descarado?

Nanette: [Ignóralo. Tarde o temprano se cansará y se irá.]

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