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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 367

A pesar de que Nanette solo acompañó a los clientes durante medio día, sentía que la espalda se le partía en dos. Definitivamente, tener a un bebé creciendo en su interior había cambiado por completo su resistencia física.

A Charles y a sus colegas se les veía fascinados con el recorrido, y Nanette no quería arruinarles la diversión, así que se obligó a seguir el paso.

Iris notó que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano.

—Señorita Larco, ¿se siente muy mal?

Nanette soltó una risita nerviosa.

—Un poco, sí.

—¿Y si le avisamos al señor Charles que prefiere ir al hotel a descansar esta tarde?

—De ninguna manera —se negó ella categóricamente—. Hicieron un viaje larguísimo para estar aquí. Lo menos que podemos hacer es asegurarnos de que se lleven una gran impresión de nosotros. Además, acaban de firmar un contrato millonario; tenemos que consentirlos.

Iris suspiró con frustración.

—Ojalá supiera hablar francés, así yo me quedaría a cubrirla.

De pronto, a Iris se le iluminó el rostro.

—¿Y si llamo al señor Cortés? Él habla varios idiomas a la perfección. Podría venir a encargarse de ellos.

Nanette negó de inmediato.

—No lo molestes. Ya tiene suficiente estrés encima con lo de la exposición. Te aseguro que puedo aguantar, estoy bien.

Iris se mordió el labio, indecisa.

—Pero el señor Cortés fue muy claro: me prohibió dejar que se agote.

Nanette sonrió con ternura.

—No estoy hecha de cristal, Iris. No me voy a romper en pedazos. Es solo caminar un rato más, eso es todo.

Iris se resignó y fue a comprarles jugo.

Apenas se había alejado, el celular de Nanette comenzó a vibrar. Era Noel.

—Ya hablé con Charles. Le expliqué la situación y envié a un guía que domina el francés para que se encargue de ellos por la tarde. Vete a descansar.

Nanette se quedó perpleja.

—¿En qué momento organizaste todo eso?

Noel no intentó ocultarlo.

—Iris me escribió hace un momento.

Nanette se rio con una mezcla de sorpresa y resignación.

«Esta Iris no pierde el tiempo...».

Noel se apresuró a justificar a su empleada.

El tiempo pareció detenerse.

El silencio del otro lado se le metió hasta el pecho y la dejó sin saber qué decir.

Nanette apretó el celular con fuerza, sin saber qué responder.

Esa frase se sentía extraña. Demasiado pesada. Si hubiera salido de la boca de un vividor como Venancio, Nanette habría puesto los ojos en blanco y se habría reído de él. Pero viniendo de alguien tan serio e íntegro como Noel, se sentía totalmente distinto.

Pasaron varios segundos hasta que Noel rompió el hielo con un tono pausado y estrictamente profesional.

—Cualquier empleado es el activo más valioso de la empresa. Si ustedes no están sanos y en su máxima capacidad, no pueden generar valor económico para nosotros. Así que, desde un punto de vista objetivo, ustedes son más importantes que la empresa en sí.

Nanette sintió que su corazón volvía a latir a un ritmo normal.

—Tiene mucha razón, señor Cortés.

Luego soltó una carcajada discreta, riéndose de sí misma.

«¡Qué tonta eres, Nanette! ¡Deja de imaginarte historias donde no las hay!».

Al colgar, Noel levantó la mirada y casi se infarta al ver a Isaac paralizado en medio de la oficina, debatiéndose internamente entre salir corriendo o quedarse.

Noel soltó una tos seca, visiblemente nervioso.

Isaac esbozó una sonrisa nerviosa.

—Jefe... perdón, mil perdones. Debí tocar antes de entrar. Se me cruzaron los cables.

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