Sabina le sirvió un poco de comida a Nanette.
—Nanette, ¿con quién te mensajeas? Anda, ponte a comer.
Nanette guardó el celular sin intentar ocultar nada.
—Con Galileo.
—¿Otra vez te está acosando?
—No, nada de eso. Solo me avisó que va a vender la casa de Cumbres de la Reina, me preguntó si quería ir por unas cosas mías que se quedaron ahí.
—¿Y vas a ir a buscarlas?
—Son cosas muy importantes para mí. Quedé en que nos pondremos de acuerdo para que me las entregue.
—Si son tan importantes, claro que tienes que recuperarlas. ¿Quieres que Noel te acompañe?
Nanette miró de reojo a Noel.
Él tenía la vista baja y su expresión era indescifrable.
—Madrina, Noel es un hombre muy ocupado.
—La verdad es que no estoy tan ocupado —intervino Noel.
Nanette ya no sabía cómo decirle que no.
Sinceramente, le daba muchísima pena estar abusando de su amabilidad todo el tiempo.
Noel añadió:
—Puedo pedirle a Hugo que te lleve.
—Hablando de eso... —Nanette midió bien sus palabras—. Noel, creo que ya es hora de que Hugo regrese a trabajar contigo. Luis Camoso ya está tras las rejas, no creo que corra ningún peligro.
—Es mejor prevenir. Dejemos que pase un poco más de tiempo —respondió Noel.
Sabina le dio la razón.
—Es cierto, Nanette. Mejor espera un poco. Con el bebé que llevas ahí adentro, si llega a pasar cualquier cosa, estamos hablando de dos vidas.
Tenía un buen punto.
—Está bien —cedió Nanette—. Entonces Hugo tendrá que aguantarme un tiempo más.
Noel sonrió levemente.
—Parece que a él le encanta acompañarte.
—¿Él te lo dijo?
—No con esas palabras, pero mencionó que eres una persona muy agradable.
Nanette sonrió.
—La verdad es que a mí también me cae muy bien.
El ceño de Noel se frunció casi de manera imperceptible.
—¿Te cae bien?
—Sí, claro. Aunque casi nunca sonríe, en el fondo es un chico encantador.

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