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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 387

Nanette no dudó ni un segundo de la advertencia de Galileo.

Conociendo la personalidad de ese imbécil, cumpliría su palabra al pie de la letra.

Ella no quería que él supiera sobre su embarazo.

Si se enteraba, los problemas no tendrían fin.

¿Qué le diría en ese caso?

¿Que el hijo no era suyo?

Entonces quedaría como una esposa adúltera.

Y si él, por puro orgullo herido, se ponía a investigar quién era el padre, terminaría arrastrando a Noel.

Tenía que mantener el secreto a toda costa.

Por eso había pactado con Luis.

Mientras lograra hacer justicia por su madre, lo demás le tenía sin cuidado.

Sin embargo, al mirar ese rostro tan conocido, sintió una punzada de compasión.

Como el hijo mayor, tenía que lidiar con la opresión de esa bruja de Anatolia y cargar con la incompetencia de su madre y de su hermana.

Y ahora, estaba enredado con Yolanda y Luis Camoso.

Vivía rodeado de hienas y víboras; el día menos pensado lo devorarían vivo sin que siquiera se diera cuenta.

—¿Es verdad? —le preguntó él.

Tenía ojeras marcadas debajo de los ojos.

Seguramente llevaba días sin dormir bien.

Qué lástima por él.

Sabiendo perfectamente a qué se refería, Nanette contestó con frialdad:

—Sí, es verdad.

El ceño de Galileo se frunció, oscureciendo su mirada.

—¿Por qué jamás me lo dijiste?

—¿Decírtelo? —soltó ella una risa seca—. ¿Desde cuándo estabas dispuesto a escucharme? Apenas abría la boca y te fastidiabas. Deseabas que desapareciera de tu vista.

»Dime, ¿cómo se suponía que te lo dijera?

Antes de que él pudiera articular palabra, ella lo fulminó de nuevo.

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