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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 500

—¡Si no logras convencerlo, entonces haz que esa mujer vaya en su lugar! —gritó Dina.

La mirada de Galileo se ensombreció.

—¿Te refieres a Nanette?

—¡Exactamente!

El simple sonido de ese nombre hizo que los ojos de Dina destilaran un odio ardiente y venenoso.

—Noel está enamorado de ella; si ella se lo pide, él moverá cielo y tierra para obedecer.

Galileo frunció el ceño hasta que las cejas casi se le juntaron.

—¿Noel enamorado de ella? ¿Estás completamente segura de lo que estás diciendo?

—¡Por supuesto que sí!

Dina había sido capaz de leer la palabra amor impregnada en la mirada del empresario.

—He visto más de una vez a Noel salir del departamento de esa mujer a altas horas de la madrugada.

—¿Qué diablos estás diciendo?

Galileo se quedó petrificado durante unos largos segundos.

Ellos dos...

—¡Desde el momento en que esa mosca muerta firmó el divorcio, ya tenía a su siguiente víctima en la mira! ¡Noel cayó redondito en sus redes!

Una oleada de celos venenosos y corrosivos quemó las entrañas de Galileo.

Lo único que resonaba en su cabeza era «Noel está enamorado de ella».

¿Y ella qué sentía? ¿Acaso ella también sentía algo por él?

—¡Hermano! —Dina empleó hasta la última gota de sus fuerzas en un grito desgarrador—. ¡Te lo suplico, déjame ver a Noel una vez más!

Toda compasión en el corazón de Galileo se había vuelto hielo duro.

—Descansa y no olvides tomar tus Suplementos nutricionales.

Sin dirigirle una palabra más, se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta.

Dina gritó presa de la desesperación.

—¡Hermano! ¡Por favor, quiero verlo!

Sin girarse, Galileo le soltó una respuesta implacable y glacial.

—¡Olvídalo!

Apenas unos minutos antes había sentido un atisbo de pena por ella.

Pero en este momento, era un rotundo y definitivo no.

Si era cierto que Noel estaba rendido ante los pies de Nanette, la situación dejaba de ser una simple pugna comercial.

¡Eran rivales en el amor!

¿Cómo iba a rebajar su orgullo para rogarle un favor a su más odiado enemigo?

—¡Hermano!

Como poseída por la locura, Dina saltó de la camilla.

Pero sus débiles piernas no lograron sostener el peso de su cuerpo, y cayó de rodillas al suelo frío.

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