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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 398

Hugo dejó la frase en el aire. Pero esa mirada cargada de desprecio fue suficiente para hacer hervir la sangre de Galileo.

—¿Tu jefe? ¿Y quién es?

Antes de que Nanette pudiera intervenir, Hugo soltó sin tapujos:

—No tienes derecho a saberlo.

Nanette soltó un suspiro de alivio; el muchacho le caía cada vez mejor.

Humillado y con la mirada aún más gélida, Galileo se dirigió a Nanette.

—Desde que nos divorciamos, parece que tu vida va viento en popa. Me sorprende bastante.

—¿Acaso son pocas las cosas con las que te he sorprendido? —respondió Nanette, de mal humor—. ¿No deberías estar acostumbrado ya?

Galileo intentó contener su irritación.

—Dile que salga. Quiero hablar contigo.

—Él no es ningún extraño. Además, no tenemos nada de qué hablar.

—Sobre el asunto de Dina... ¿Podrías dejarlo pasar? Pide lo que quieras; si está a nuestro alcance, te lo daremos.

Nanette sabía que eso era exactamente lo que él diría.

¿Cualquier cosa? ¿Darle lo que quisiera?

¡Basura!

¡A ella no le interesaba en absoluto!

—Sobre ese asunto no hay nada que negociar. Todo seguirá su curso legal. Mi abogado me representará en todo el proceso. Si tienes alguna duda, consúltale a él.

—Nanette...

—¿Joven? —espetó Nanette con una risa sarcástica—. ¿A qué llamas joven? Tiene más de veinte años. No es un bebé de pecho; ya tiene edad de sobra para distinguir entre el bien y el mal. ¡Ustedes, los Godoy, la criaron como a una bebé gigante! Sabe que siempre la protegerán y encubrirán sus desastres. ¡Por eso actúa con tanta imprudencia, burlándose de las leyes! Si a alguien así no se le disciplina ahora, no tardará en destrozarle la vida a otra persona. ¡Hago esto tanto por mi madre como por el bien de la sociedad!

La mirada de Galileo se endureció.

—¡Estás siendo demasiado dura! Quizá la hayamos malcriado, pero no tiene mal corazón.

Nanette no le dio tregua.

—¡Deja de engañarte a ti mismo! ¡Está podrida hasta la médula y tú la sigues justificando! Galileo, ¿podrías usar la cabeza por una vez? ¿Podrías distinguir lo que está bien de lo que está mal? ¡Tu hermana ya no tiene remedio! Te pido que despiertes, porque el próximo en caer vas a ser tú. ¡Y entonces, los Godoy de verdad se quedarán sin un heredero digno, y todo el patrimonio de la familia terminará en manos de extraños!

El rostro de Galileo se volvió sombrío.

—¡Pierde cuidado! ¡En la familia Godoy no nos faltan herederos! Pase lo que pase, nada caerá en manos de extraños. ¡Al menos tengo un hijo!

Nanette soltó una carcajada cargada de ironía.

—¿Ese hijo tuyo... de verdad es un Godoy?

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