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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 506

Noel se quedó en silencio.

Quintín era un hombre muy observador.

—¿Tuviste un problema con Nanette?

La oscura mirada de Noel parpadeó levemente.

—No.

Quintín sonrió y sus palabras estuvieron cargadas de doble sentido.

—Me alegro. Ustedes los jóvenes deben pensar muy bien las cosas antes de actuar. No se dejen llevar por los impulsos, porque hay decisiones que marcan para toda la vida.

Por la noche.

Nanette acompañó a Tina a cenar la comida de la cafetería del hospital.

No sabía a gran cosa, pero al menos servía para llenar el estómago.

Tina estaba sentada en la cama, hojeando el libro que Nanette le había comprado.

El título era: «Lo que el viento se llevó».

Tina lo leía fascinada.

Nanette sentía una mezcla de lástima y orgullo por esa niña.

No daba ningún problema, era muy buena.

Pero el hecho de que ni siquiera llorara al sentir el dolor de las inyecciones —aunque se le salieran las lágrimas— le partía el corazón.

Tina había perdido por completo la inocencia propia de una niña de su edad.

Era tan madura que parecía un adulto en miniatura.

Nanette se recostó en el sofá y se puso la computadora portátil sobre las piernas.

Tenía que cuidar a Tina, pero no podía descuidar su trabajo.

El concurso estaba a la vuelta de la esquina y tenía que apurarse.

Sin darse cuenta, dieron las nueve y media de la noche.

Nanette estaba tan concentrada en su trabajo que perdió por completo la noción del tiempo.

Dejó la computadora a un lado, movió el cuello entumecido y, al estirarse, notó que Tina estaba cabeceando abrazada al libro.

Nanette no pudo evitar sonreír.

—Tina, ya es hora de dormir.

Tina levantó la cabeza.

—Hermana.

—¿Dime?

—Quiero leer más libros.

—De acuerdo, cuando termines ese, te compraré muchos más.

Tina puso un marcador en la página en la que se había quedado, guardó el libro debajo de la almohada y se hizo a un lado en la cama.

Como la pequeña era muy delgada, al moverse dejó espacio suficiente para que cupiera otra persona.

—Hermana, ven a dormir a la cama.

Nanette señaló el sofá.

—Yo dormiré en el sofá.

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