Cuando sonó su teléfono, Noel estaba en una cena de negocios.
Quintín, con la intención de ayudar a Noel a forjar contactos en el ámbito político, había invitado a cenar a varios amigos muy cercanos.
La cena se llevó a cabo en el Salón Armonía, dentro del Restaurante La Terraza Real.
El mismo salón exclusivo que Eloísa no había podido reservar la última vez por más que insistió.
De hecho, después de ese incidente, no solo no pudo reservar el Salón Armonía, sino que tampoco pudo conseguir ninguna otra mesa en todo el restaurante.
Y es que el nombre de Eloísa había entrado en la "lista negra" del Restaurante La Terraza Real.
Al ver que era Melba, Noel se disculpó con Quintín y salió a contestar.
—Melba.
Melba habló con voz alarmada:
—Sr. Cortés, ¿qué vamos a hacer?
—Melba, ¿qué pasó? —preguntó Noel.
—¡Es la señorita Nanette! ¡Ay! ¡Es tan terca que no logro convencerla de nada! ¿Podría ayudarme a hablar con ella?
—Nan... ¿Qué le pasó?
—¿No le contó la señorita que va a pagar el tratamiento del corazón de una niña llamada Tina?
—Sí.
En realidad, no.
Nanette no le había dicho nada.
Pero Noel ya lo sabía todo.
Porque había investigado a fondo al Sicario y descubrió que tenía una hija con una grave enfermedad cardíaca.
Al no tener dinero para pagar el tratamiento, había decidido cambiar su vida por la de la niña.
Noel había ideado un plan antes de llegar al rescate.
Si el Sicario garantizaba la seguridad de Nanette, él se haría cargo del futuro de la niña.
Esa oferta habría sido suficiente para que el Sicario cediera.
Sin embargo, llegó demasiado tarde.
Cuando Nanette llevó a la niña al hospital, Noel comprendió que las últimas palabras del Sicario antes de caer al vacío habían sido dirigidas a ella.
Ella era una persona que se tomaba muy en serio sus promesas.
Si había dado su palabra, no la rompería.
La voz de Melba lo sacó de sus pensamientos.
—La señorita dice que se va a quedar estos dos días en el hospital cuidando a la niña. ¡Eso no puede ser! En el hospital no comerá ni dormirá bien, y con su embarazo... De verdad me aterra que le pase algo malo.
»Yo le ofrecí ir a relevarla para que ella volviera a casa, pero se negó en rotundo. No quiso escuchar razones. ¡Me tiene con los nervios de punta!

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