Era realmente increíble.
De pronto, comprendió por qué Galileo había despedido al abogado.
Porque esa hermana ya no le importaba en lo absoluto.
Le importaba tan poco que incluso prefería que se pudriera en la cárcel; si pasaba unos años más ahí adentro, mucho mejor.
Ahora, la familia Godoy estaba verdaderamente en sus manos.
Nanette nunca dudó de la capacidad de investigación de Noel, pero no lograba comprender por qué había averiguado todo aquello.
—¿Fuiste tú quien se lo dijo a Galileo?
El aura gélida que rodeaba a Noel se disipó.
—No.
—Entonces, ¿cómo se enteró?
—Le dejé pistas a Luis Camoso cuando él estaba investigando.
A las personas que Noel protegería, nadie podría lastimarlas.
¡Absolutamente nadie!
Nanette parecía haberlo entendido todo.
La familia Camoso y la familia Godoy eran dos clanes que parecían llevarse bien por fuera, pero que se apuñalaban mutuamente por la espalda.
Noel estaba logrando que se destrozaran entre ellos como perros rabiosos.
Al final, Galileo parecía ser el ganador definitivo, pero en realidad, estaba perdiendo miserablemente.
Anatolia había muerto, su hermana iba a prisión y luego estaba el bebé de Yolanda Camoso...
Por un momento, Nanette no supo si reír a carcajadas o derramar una lágrima de lástima por Galileo.
¿Y qué hay de Noel?
Él no tenía ninguna enemistad real con Luis Camoso.
Incluso si competía en el mundo de los negocios con Galileo, en el fondo no existía ningún odio profundo entre ellos.
¿Por qué lo había hecho entonces?
Todo era por ella...
Pero en ese instante, Nanette ni siquiera tuvo el valor de darle las gracias.
No se atrevía a tocar temas tan sensibles.
Tenía miedo de que la relación entre ellos, que apenas había dejado de ser incómoda, volviera a estropearse.
De pronto, Camila Mancilla la llamó por teléfono.
Era la primera vez que Camila la contactaba desde aquella discusión que habían tenido.
Nanette contestó.
En cuanto se estableció la conexión, ambas se quedaron en silencio.
Fue Nanette quien rompió el hielo.
—Camila.
Al escuchar que la llamaba por su nombre con tanto cariño, Camila dejó escapar un suspiro de alivio.
—Pensé que no volverías a hablarme.
—¿Cómo crees?

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