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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 569

Mientras conducía, Isaac no dejaba de mirar por el espejo retrovisor.

Noel estaba sentado en la parte trasera, con la cabeza reclinada contra el respaldo y los ojos cerrados. Llevaban ya media hora de viaje y no había pronunciado una sola palabra desde que subió al auto.

Isaac no pudo soportarlo más.

—Joven amo, la señorita Larco solo habló llevada por el coraje del momento, no te tomes tan a pecho sus palabras.

Noel abrió los ojos lentamente, y sus labios pálidos se separaron para hablar.

—No fue un simple arranque de ira. Lo dijo muy en serio.

Isaac se quedó perplejo.

—Desde que la conozco, es la primera vez que la veo perder los estribos de esa manera. Pero, según estuve leyendo, a las mujeres embarazadas se les disparan las hormonas como locas: la HCG, la progesterona, los estrógenos... todo es una montaña rusa. Esas alteraciones provocan que estén irritables, sensibles y que se enojen por cualquier cosa. Así que, joven amo, por favor, sé comprensivo con ella.

Noel, asombrado, enarcó una ceja.

—¿Tú sabes de esas cosas?

—Bueno... como compraste todos esos libros sobre embarazo, me puse a ojearlos un día que no tenía nada que hacer —confesó Isaac, restándole importancia—. Y vaya que me sorprendí. Desde el embarazo hasta el parto y luego la lactancia... es un proceso súper agotador. Las mujeres son unas verdaderas guerreras al convertirse en madres.

»Por eso te digo, joven amo, perdona su arranque. Recuerda que está esperando un bebé.

La voz de Noel sonó áspera, como si una densa niebla envolviera sus palabras, volviéndolas sombrías y lejanas.

—No estoy enojado con ella. Solo siento que...

Soltó un largo y pesado suspiro.

—Ella me lo dejó muy claro. Fui yo quien insistió sin descanso, provocándole una presión y un estrés que no merece.

»Y pensar que yo...

Se detuvo de golpe.

El silencio llenó el vehículo durante largo rato antes de que se atreviera a continuar.

—Isaac, creo que... en verdad... no le gusto.

Le había costado horrores pronunciar esa simple frase.

Isaac sintió un nudo en la garganta. Frenó lentamente hasta detener el auto a un costado de la avenida, y se giró para mirarlo.

—Joven amo, ¿puedes ser totalmente honesto conmigo? ¿Te has enamorado profundamente de la señorita Larco?

Noel bajó la ventanilla.

El aire helado de la noche inundó el interior del coche, barriendo un poco de aquella atmósfera asfixiante.

—La amo.

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