—Sigamos —ordenó Noel, sin ánimos.
Isaac, recordando algo repentinamente, preguntó:
—Por cierto, joven amo, ¿leíste las noticias de hoy?
Noel tragó saliva, sintiendo la garganta reseca.
—Sí.
—¿Y tú qué opinas? ¿Crees que fue obra de la señorita Zamora, o fue don Joaquín quien filtró la información a la prensa?
El tono de llamada del celular de Noel interrumpió la conversación.
Era Jovita Zamora.
—¿Noel, estás ocupado? ¿Podemos hablar?
Como siempre, su tono era sumamente educado y considerado, asegurándose primero de no interrumpirlo.
Fiel a su costumbre, Noel respondió escuetamente:
—Dime.
—Yo no tuve nada que ver con la noticia que salió hoy en los medios.
—Lo sé.
Jovita soltó una risa ligera.
—Sabía que creerías en mí aunque no te diera explicaciones, pero preferí aclararlo de todos modos. Además, era una buena excusa para llamarte.
Noel guardó silencio un par de segundos.
—De acuerdo.
Jovita percibió la frialdad en su tono.
—¿Estás bien? Suenas un poco desanimado.
—Todo en orden.
—No, sé que algo te molesta. ¿Es por la noticia?
Noel se frotó las sienes con cansancio.
—Un poco.
—Son nuestros mayores —explicó Jovita—, están demasiado impacientes por oficializar las cosas.
Impacientes era poco.
Parecía que les urgía que cada habitante de San Lirio se enterara de su relación.
Seguramente, Nanette también había leído la noticia...
La voz suave y comprensiva de Jovita volvió a escucharse a través del auricular.
—Sé lo mucho que te desagrada este tipo de publicidad. Te ofrezco una disculpa en nombre de nuestras familias. Pero no te preocupes, mantengo mi promesa. No voy a presionarte de ninguna forma; estoy dispuesta a esperar el tiempo que haga falta para que cambies de opinión.

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