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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1221

Arturo Zamora era un zorro astuto, de eso no cabía duda.

Los trucos baratos no funcionarían con él.

Y sí, eso era exactamente lo que ella tenía planeado.

Quería salvar a Isaac sin involucrar a la familia Cortés. Era su única opción.

A Isaac casi se le salían los ojos de las órbitas y, sin fuerzas, gritó:

—¡Señora Cortés! ¡¿Acaso está loca?! ¡Mi vida no vale tanto como para que la sacrifique! ¡Váyase! ¡Váyase de aquí!

Nanette frunció el ceño con levedad.

—¿Por qué gritas? Si no hubieras venido, nada de esto habría pasado.

—¡Señora Cortés...! ¡Mmm...!

A Isaac le amordazaron la boca.

Nanette apartó la mirada con tranquilidad.

«Mejor así», pensó. «Hacía demasiado ruido».

Arturo endureció el semblante.

—Ya que tienes tantas ganas de salvarlo, demuéstrame tu sinceridad.

Dicho esto, le hizo una señal a uno de sus hombres.

El subordinado le acercó un cuchillo.

—Primero, tómalo y hazte un par de cortes en la cara. Quiero ver hasta dónde llega tu buena voluntad.

Quería ver la reacción de Don Joaquín al ver el rostro arruinado de su nuera; a ver si la desesperación lo volvía loco.

Nanette extendió la mano para tomarlo.

Pero el cuchillo fue interceptado por Xavier, quien hasta ese momento se había mantenido en silencio.

Sopesó el arma en su palma un par de veces, con una actitud que rozaba la indiferencia.

Pero detrás de esa indiferencia se escondía una frialdad implacable y decidida.

—Veo que hoy estás decidido a llegar hasta las últimas consecuencias.

Arturo ni siquiera lo había tomado en serio.

—Eres bueno peleando, es una lástima que no trabajes para mí. Pero te puedo ofrecer una salida.

—Cualquiera que sea inteligente sabría qué bando elegir en este momento.

Xavier esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Qué pena, yo no soy lo que llamarías alguien inteligente.

Arturo soltó una carcajada seca.

—¿Crees que, con la poca gente que tienes, podrás salir vivo de aquí hoy?

En el rostro de Arturo se dibujaba una absoluta confianza en tener el control total de la situación.

—Al igual que ella, yo tampoco vine con la intención de salir vivo —respondió Xavier—. Sin embargo...

—Deberías pensar muy bien cuáles serán las consecuencias si hoy decides masacrarnos.

La mirada de Arturo se oscureció.

—¿Me estás amenazando?

—No creo que no hayas escuchado hablar de la familia Solano de la capital —soltó Xavier sin prisa.

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