Recordó lo ocurrido hace tiempo en el coche, cuando estuvieron entrelazados de esa manera.
Sus labios suaves, aquel aliento seductor y esos murmullos que volvían imposible el autocontrol...
Noel estuvo a punto de perder la cabeza.
El repentino sonido del teléfono los hizo separarse bruscamente.
Nanette buscó su móvil con desesperación.
Después de un buen rato, se dio cuenta de que el teléfono que sonaba era el de Noel.
Estaba comprobado: en momentos de máxima incomodidad, la mente se quedaba en blanco.
¿Por qué su corazón había empezado a latir tan rápido hace un segundo?
Aquella hermosa forma de sus labios en algún momento había sido marcada por ella misma.
Aunque la herida ya no estaba, el recuerdo se había quedado grabado a fuego en la memoria de Nanette.
La llamada era de Isaac.
—Joven Noel, su voz suena un poco rara.
Noel no se atrevió a seguir recordando lo que acababa de pasar.
—Ve al grano.
Isaac se puso serio de inmediato.
—Rastreamos el coche que los seguía y ya tenemos al sujeto, pero se niega a abrir la boca.
Noel: —¿Revisaron sus antecedentes?
Isaac: —Sí. Está endeudado hasta el cuello, su mujer se largó con otro, y en casa solo le quedan su madre anciana y su hija.
Noel: —Entonces llévenlo con su mamá y su hija, y pregúntenle otra vez ahí, a ver si por fin se atreve a decir la verdad.
La llamada terminó.
Isaac se quedó pasmado por unos instantes.
Uno de sus hombres se acercó.
—Isaac, ¿qué dijo el patrón?
Isaac se rascó la cabeza.
—El joven Noel ordenó que llevemos a esta basura frente a su madre y su hija, y lo volvamos a interrogar delante de ellas.
El hombre señaló al sujeto que se retorcía en el suelo.
—¿En el estado en el que lo dejamos? ¿Llevarlo así frente a ellas? ¡Las mataríamos del susto! El patrón siempre ha sido muy considerado con los ancianos y los niños, ¿por qué de pronto se ha vuelto tan implacable?
Isaac le dio un coscorrón.
—¿Cuál implacable? A grandes males, grandes remedios. Si esta basura no habla, no sabremos quién es el autor intelectual, y mi diosa seguirá corriendo peligro.
Estaba claro que el jefe había decidido arrancar el problema de raíz.

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