Gael subió a Camila cargándola sobre el hombro hasta el departamento.
Así es, la cargó como un costal de papas, sin ninguna delicadeza, con el fastidio pintado en la cara.
Camila se dio media vuelta en la cama y siguió roncando.
Gael, sin un gramo de compasión, tomó las cobijas y se las tiró encima.
Nanette se acercó para acomodárselas bien.
—Parece que no te cae muy bien —comentó ella.
—Ni me cae bien, ni me cae mal —respondió Gael con indiferencia—. Solo somos colegas. Ya sabes que odio las relaciones interpersonales complicadas. Claro, con la excepción tuya y de King.
Mientras hablaba, echó un vistazo a la habitación y su mirada se detuvo en la almohada.
De debajo de ella asomaba el borde de una fotografía.
Gael la sacó y, al ver el rostro retratado, chasqueó la lengua.
—¿Qué pasa? —preguntó Nanette.
Gael giró la foto para que la viera.
Nanette no se sorprendió en lo absoluto.
El hombre de la fotografía era Noel Cortés.
Debió haberla tomado durante la exhibición de robótica.
Al ser una foto robada, solo mostraba el perfil de Noel.
Pero incluso de perfil, era suficiente para robarle el aliento a cualquiera.
Gael alzó una ceja.
—¿No te sorprende ni un poquito?
—Es normal que se sienta atraída por Noel.
Gael hizo una mueca de disgusto.
—Eso no es atracción, es una obsesión. Dormir con su foto bajo la almohada... ¿Qué planea, fantasear con él?
Nanette lo fulminó con la mirada.
—No sabía que tuvieras un vocabulario tan florido.
Gael, fiel a su actitud fría y despreocupada, se encogió de hombros.
—En las reuniones, la forma en que ella mira a King me dejaba claro que tenía otras intenciones. ¿Acaso no sabe que King está enamorado de ti?
Nanette soltó un ligero suspiro.

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