De camino a casa.
Gael rompió el silencio.
—King y Storm... Los dos gigantes informáticos que sacudieron la red hace años, y hoy he conocido a ambos. Con esto, ya puedo morir tranquilo.
—Ahórrate las adulaciones —respondió Noel secamente.
—¿Sigues celoso?
Noel se detuvo en seco.
—¿Yo? ¿Celoso?
Gael asintió con total seriedad.
—Bastante obvio, la verdad.
Los ojos de Noel se afilaron ligeramente.
—No lo estoy.
Gael volvió a asentir.
—Si King dice que no, entonces no.
Noel se cruzó de brazos.
—Mañana le pediré a mi asistente que te consiga un lugar donde vivir. Te darán un adelanto de sueldo. Cualquier cosa que necesites, pídesela directamente a mi asistente, Isaac.
Gael asintió por tercera vez.
—Supongo que la idea es que no busque a la señorita Larco.
—Ella está muy ocupada.
—Hecho. Si King dice que está ocupada, está ocupada.
Caminaron un trecho más en silencio.
Hasta que Gael volvió a soltar una de las suyas.
—Te gusta.
No fue una pregunta.
Fue una afirmación rotunda.
Noel detuvo sus pasos otra vez.
—Solo somos buenos amigos.
Gael hizo una mueca escéptica.
—Pues tu definición de «buenos amigos» es bastante ambigua.
—Hablas demasiado —atajó Noel.
Gael asintió pensativo.
—Parece que sí. ¿Te molesta?
—Habla lo que debas hablar. Lo que no, guárdatelo.
—¿Y qué es lo que debo o no debo hablar?
—Cualquier cosa sobre ella, o sobre nosotros, no te incumbe.
Gael asintió una y otra vez.
—Traducción: no puedo prestarle demasiada atención a la señorita Larco, y tampoco puedo andar por ahí diciendo que te gusta. ¿Es eso?

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