La adorable figura de Nick Wilde le provocaba una sonrisa radiante.
Noel la miró y sintió que la tristeza de los últimos días desaparecía por completo.
No quería admitir cuántas veces, durante esa semana, había estado a punto de llamarla solo para preguntarle cómo estaba.
Si no lo había hecho, era por miedo a interrumpirla. Sabía lo mucho que significaba esta competencia para ella.
Nanette miró a su alrededor.
—¿Y Isaac? ¿No vino contigo?
—Se resfrió, así que le pedí que se quedara descansando en el hotel.
—¿Se resfrió? ¿Es grave?
—No mucho, solo tiene un poco de fiebre. Lo obligué a tomarse un medicamento antes de salir y ahora está durmiendo.
—Entonces iré a verlo cuando terminemos aquí.
—¡No! —se negó Noel rotundamente.
—¿Por qué?
—Te va a contagiar.
—Claro que no, tengo buenas defensas.
—No.
—Ándale, déjame ir —pidió Nanette, haciendo un tierno puchero sin darse cuenta.
La expresión de Noel se suavizó un poco.
—Solo un rato.
La competencia comenzó con rondas eliminatorias, tras las cuales se llevaría a cabo la gran final para decidir a los tres primeros lugares.
Después de un día entero de disputas, tanto Faro Tecnológico como Nube Alta lograron clasificar.
Había que reconocer que Galileo había invertido mucho esfuerzo y recursos en esta competencia.
Silvio se acercó por detrás de Galileo. Al ver que este no apartaba la mirada de Nanette, dudó un momento sobre si interrumpirlo.
Galileo apartó la vista y habló primero:
—¿Qué pasa?
—La Srta. Camoso me llamó hace un momento. Dijo que no lograba contactarlo.
Galileo revisó su teléfono. Tenía cuatro llamadas perdidas de Yolanda Camoso.
Su celular había estado en silencio todo el tiempo, así que no las había escuchado. Pero, aun si lo hubiera hecho, probablemente no habría contestado.
Sabía perfectamente para qué lo buscaba.

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