A Nanette le entusiasmó la idea.
—Me parece bien.
Gael miró a Noel.
—¿Y tú, King?
—Yo...
—Seguro que tú también vas. Si Nanette va, ¿cómo vas a decir que no?
Nanette por fin entendía por qué Noel siempre tenía ganas de lanzar a Gael por la ventana.
Nunca sabías si lo próximo que saldría de su boca sería algo filosófico o algo que merecía un buen golpe.
Isaac hizo el ademán de levantarse para acompañarlos, pero Noel lo detuvo con una sola mirada.
—Yo me quedaré a cuidar la casa... —murmuró Isaac, resignado.
Isaac se quedó mirando con tristeza cómo los tres salían por la puerta.
Se dejó caer en el sofá, suspirando largamente.
Al intentar levantarse de nuevo, su mano rozó algo duro.
Lo levantó y se dio cuenta de que era el celular de Nanette.
«Parece que los libros tienen razón, las mujeres embarazadas de verdad se vuelven olvidadizas», pensó Isaac.
Ni modo, tendría que esperar a que regresaran.
A unos cinco kilómetros del hotel, había un distrito histórico muy animado, lleno de arquitectura clásica y puestos de comida tradicional. Era un símbolo de la ciudad y uno de los lugares turísticos más concurridos.
El personal del hotel les había recomendado visitarlo.
Con solo mencionar la comida típica, Gael ya estaba más que interesado.
A Nanette también le llamaba la atención conocer los atractivos del lugar, así que miró a Noel.
—¿Quieres venir?
—Te acompañaré —dijo él—. Pero debe haber mucha gente, no te vayas a perder.
Nanette soltó una risita.
—No tengo tres años, no me voy a perder.
El distrito histórico estaba atravesado por un río. Se decía que en la antigüedad, ese lugar era el punto de encuentro donde los ricos y poderosos iban a divertirse.
Al caer la noche, el paseo en bote por el río era un espectáculo. La brisa era suave y el agua, iluminada por luces de colores, brillaba intensamente, como si susurrara las antiguas historias de amor y tragedia que habían tenido lugar allí.
Los vendedores y guías llamaban a los turistas con entusiasmo.
—¡No hay mejor manera de ver la ciudad que desde el agua! ¡Suban a dar un paseo en bote!
Nanette nunca en su vida se había subido a un bote, y moría de ganas de intentarlo.
Al notar su emoción, Noel se dirigió al barquero.
—Somos tres, alquilaremos el bote completo.

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