Toc, toc, toc.
Alguien llamó a la puerta.
Noel se tragó las palabras que estaba a punto de pronunciar.
—Adelante.
La puerta se abrió, dejando entrar a una figura elegante y seductora.
Isaac asintió levemente con la cabeza.
—Señorita Zamora.
Jovita sonrió con dulzura.
—¿Interrumpo su trabajo?
Isaac no respondió.
—Señor, me retiro a trabajar.
—Mhm —asintió Noel.
—Asistente Isaac.
Isaac se detuvo, esperando respetuosamente lo que tuviera que decirle.
Jovita le tendió una caja de pastelillos.
—Escuché que esta pastelería en San Lirio es muy famosa, así que compré algunos en el camino. Esta caja es para ti.
Isaac miró a Noel y luego la tomó.
—Gracias, señorita Zamora.
Cuando Isaac salió, Jovita colocó otra caja sobre el escritorio de Noel.
Al abrirla, se revelaron unos polvorones de soja.
—Sé que no eres fanático de los dulces, así que compré estos que no tienen azúcar. Ven, pruébalos.
Jovita acercó un polvorón a la boca de Noel.
Él desvió el rostro.
—Déjalos ahí, los comeré después.
Jovita no insistió y volvió a guardar el dulce en la caja.
—Está bien, pero recuerda comerlos, ¿eh? Los compré especialmente para ti.
—¿A qué se debe tu visita repentina? —preguntó Noel.
Jovita le dedicó una sonrisa resplandeciente.
—No fue repentina. Vine especialmente a verte y a conocer tu nuevo espacio de trabajo.
Luego, miró a su alrededor.
—Nada mal. El diseño es de mi estilo, aunque... ¿no te parece que se ve un poco frío?
Igual de frío que él.
—Noel, ¿qué te parece si te ayudo a decorarlo un poco? Se vería mucho más acogedor.

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