—¿Por qué? —Gael tomó el vaso de leche que le ofreció Melba y se lo bebió de un solo trago—. Tendrías que preguntárselo a King.
Nanette se sintió aún más confundida.
—¿Y él qué tiene que ver en esto?
—Me llamó anoche y me ordenó que regresara lo más rápido posible.
Ella se quedó paralizada.
—Él...
—Estaba preocupado por ti.
Nanette se mordió el labio, quedándose sin palabras.
Gael se limpió la boca.
—¿Puedo ser sincero?
Ella no le respondió.
Sabía que a él no le importaba su permiso. Iba a soltar la sopa de todas formas.
—Se moría de angustia, pero como sabe que no quieres tenerlo cerca, me obligó a venir para cuidarte. Más claro, ni el agua. ¿Entiendes?
Al no obtener respuesta, se volvió hacia la niña.
—Tina, ¿tú me entendiste?
La pequeña asintió con entusiasmo.
—¡Sí! Como el señor tiene prometida y ya no puede estar con la tía Nanette, pero igual se preocupa por ella, te mandó a ti.
Gael levantó el pulgar.
—¡Mejor explicado, imposible! ¡Excelente! Ah, por cierto... —añadió, recordando algo—. King dijo que me pagaba todos los gastos. ¿Para qué me maté viajando en un tráiler? Le hubiera dicho a Isaac que me rentara un jet privado y hubiera viajado como rey. ¡Qué desperdicio de oportunidad, carajo!
Nanette agarró un panecillo y se lo embutió en la boca.
—¡Cómete el desayuno y métete a bañar!
—Vale, vale. Cuando salga, te acompaño a la oficina.
—Hoy no voy a la oficina. Voy a Automotriz Zenith a firmar un contrato.
—¿A Zenith? ¿A firmar un contrato?
—Te cuento en el camino.
—Voy contigo.
—No hace falta. Iris me va a acompañar.
—Ni loco. Capaz que te vuelves a perder.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó