Venancio sintió una punzada de dolor en el pecho, pero mantuvo la cordura.
—Te lo repito: no tienes la culpa de nada. Pase lo que pase, no te culpes.
Era fácil decirlo, pero difícil asimilarlo.
Que Camila se lanzara a protegerlo era algo que Noel jamás vio venir.
Si le dieran a elegir, habría preferido recibir él la puñalada mil veces antes que dejar que ella lo salvara.
Hay deudas en esta vida que nunca se deben contraer.
Porque son imposibles de pagar.
***
Las puertas de la sala de urgencias se abrieron.
Nanette fue la primera en acercarse, seguida de Jovita y Adrián.
Noel y Venancio permanecieron clavados en sus asientos.
No era que no les importara.
Era el terror a escuchar la respuesta.
—Doctor, ¿cómo está? —preguntó Nanette.
El médico les comunicó el parte con profesionalismo y frialdad.
—El arma perforó el útero. Lamentablemente, fue imposible salvar al bebé. Además, el útero sufrió daños muy severos. Sobre si podrá volver a quedar embarazada... es difícil saberlo ahora. Todo dependerá de cómo evolucione su recuperación.
Había perdido al bebé.
El útero destrozado.
Y, probablemente, jamás podría volver a ser madre...
Para cualquier mujer, era una tragedia absoluta.
Nanette dio un paso atrás, conmocionada.
Aunque ella y Camila se habían vuelto casi unas extrañas, nunca le deseó un final tan cruel.
De pronto, sintió una mano apoyarse en su espalda, brindándole soporte.
Se giró y vio que era Adrián Zamora.
Incapaz de contenerse, Nanette buscó a Venancio con la mirada.
Las palabras del médico habían resonado claras y tajantes en todo el pasillo.
Venancio cruzó miradas con Nanette y esbozó una leve sonrisa.
Una sonrisa cargada de tanta amargura e impotencia que hizo temblar el corazón de la chica.
Se puso de pie lentamente, alisándose la ropa como si no hubiera pasado nada.
—Saldré a tomar un poco de aire.
Y sin esperar respuesta de nadie, se marchó a paso rápido.

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