German lo miró; el fondo de sus ojos era inescrutable.
Santiago se explicó: —¿Crees que Sofía se hubiera atrevido a tocarla si supiera que Julia es importante para ti? Si no la hubieras ignorado y hubieras hablado las cosas con ella, ¿habrían llegado a este punto?
—Por lo tanto, el mayor problema eres tú. Todas tus acciones le demostraron que ni ella ni su padre tenían importancia para ti.
Santiago lo miró fijamente. —¿Por qué podías cruzar media ciudad para hacerle compañía a Sofía, pero no podías estar con ella? Si ambas familias eran supuestamente importantes, ¿por qué ese favoritismo?
Los labios de German se movieron, pero al final no pronunció palabra.
—En tu subconsciente, asumiste que ella iba a comprender todas tus decisiones, que iba a aceptar todo lo tuyo sin chistar, y que con contentarla un poco después, todo estaría arreglado.
—¿Y sabes por qué?
El dedo de Santiago apuntó al pecho de su amigo con palabras afiladas.
—Porque te sentías seguro, porque creías que eras tú el amado y que, sin importar lo que hicieras, ella nunca te dejaría.
—Pero, German. —El rostro siempre despreocupado de Santiago mostraba una seriedad inédita—. Era su padre. Era el único familiar que le quedaba en este mundo, la persona más importante para ella.
—¿Cómo pretendes que perdone lo que hiciste?
—Lo que hay entre ustedes no es un simple conflicto matrimonial; es una vida humana.
—¡Es la vida del hombre que la crio con tanto esfuerzo!
No era un malentendido, ¡era una vida!
La vida de su único familiar en el mundo, la persona que más amaba.
Esas palabras cayeron como un mazo pesado directo sobre el corazón de German, golpeándolo con tanta fuerza que le faltó el aire.
Sintió un hormigueo en el cuero cabelludo, las yemas de sus dedos temblaron, y algo en su mente estuvo a punto de romperse.
Una emoción indescriptible brotó en su interior, amenazando con ahogarlo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No Ruegues, No Sirve